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Mi ex…

Publicado: 26 septiembre 2017 en De la gente que quiero

Lo que me costó decir esa palabra. Ex. Aceptar que ella no está, que no va a volver, que vuelvo a despertar al vacío. Podría dedicar cientos de miles de palabras a fundamentar mis errores, sobre todo los del último tiempo: Falta de atención sobre los detalles que a ella le importaban. Sobreatención a los que no. Enfocar mi vida en cosas pasajeras y de poco vuelo. Perderme en lo estático. Rutina. No importa. Creo que todo aprendizaje que tenga que sacar es mío y va en relación a mi anterior post. En relación con las búsquedas de cada uno y quizás a no haber sabido acompañar la de ella (…considerando que hubiera tenido chance de hacerlo). Creo que ese proceso es personal y poco puede aportarles. Además, no quiero que una relación tan inherentemente buena sea recordada justo por el momento en que llegó a su fin.

En cambio, la historia de cómo nos conocimos… Esa siempre es buena de contar. Sana. Inspiradora. Aún si terminó, hace creer que el amor es posible y que mueve montañas. Se que he escuchado su versión mil veces, pero de esa trataré de usar poco, por si ella quiere contarlo algún día.

Emilia y yo nos conocimos en un abrazo. Por mi parte, había llegado al cumpleaños de una muy querida amiga, harto de gente tibia. Ella le estaba dando una última oportunidad a La Plata, tras una larga serie de decepciones, laborales y de las otras. Cuando la vi, estaba parada al lado del Irdo, un muy buen amigo con fama de competir consigo mismo a llevar una mujer más linda que la anterior a cada lugar. Me acerqué a saludar de inmediato y mis palabras al oído fueron: “Pero que bien que estás comiendo…”. Ni lento ni torpe, mi amigo dijo de inmediato: “Martín, te presento a Emilia, mi mejor amiga y hermanita de toda la vida.” Creo que esa fue realmente la primer mirada: mientras ella me contaba de cómo jugaban a los power rangers y, siendo la mitad de tamaño que él, lo mataba a trompadas de chica. Había algo en ella familiar, reconfortante: no era sólo el ángel en sus sonrisas (escasas y tímidas esa noche)… era algo más. Hablamos largo rato, pero una distracción para la cumpleañera me sacó de lugar. Me tomó un rato volverla a encontrar, hablando con otro amigo cineasta, hasta que pude monopolizar la charla nuevamente (algo que sin que yo supiera, ella también buscaba). Y ahí ocurrió la segunda mirada

Fue cerrar los ojos y al abrirlos tener el completo conocimiento de lo que veía, como si de una historia de Sherlock Holmes se tratara. Podía ver su escudo de acidez, bien alto, sostenido bien fuerte y a la persona herida, maltratada por lo gris detrás de él, llorando, pidiendo a gritos que alguien la mire así, vulnerable, desprovista, con un corazón y una dulzura que desbordaban en ganas de poder salir. De poder ser realmente ella con alguien y bajar de una vez todos los escudos. La visión de algo así me conmovió en formas que hace mucho no sentía y supe que la oportunidad se abría ahí, delante mío. Metáforicamente, me arremangué el brazo y me dejé quemar a través de cada barrera de ese escudo. Mi amigo el cineasta le pidió sus datos y sin pensarlo dos veces, mi respuesta fue: “No te preocupes: te los pasó en cuanto me los de a mi.” La charla pasó de nuestros infinitos paralelismos entre Friends y los protagonistas de “How I met your Mother”, a una larga explicación de mis anécdotas con ex’s y de porque entonces yo sería el Ted en cuestión. Y al preguntar por los suyos, por sus experiencias, sus ojos se pusieron brillosos y tardé en darme cuenta, como un idiota, que ya estaba del otro lado del escudo. Solo llegué a balbucear…

– “Disculpá, no lo tomes a mal, pero realmente me gustaría darte un abrazo…”
– “Qué bueno…” – me dijo con los ojos más vidriosos que nunca – “… porque no sabés lo que yo necesito uno.”

Esa fue la tercer mirada. La mirada del alma. Porque en ese abrazo nos fundimos sin tiempo, sabiendo cuanto bien podíamos hacernos el uno al otro, conectados por años de telepatía infinita, del conocimiento más puro y forjando un amor de leyenda. De esos que contagian a los cuatro vientos y se esparcen como una fuerza más poderosa que las dos personas que inútilmente tratan de contenerlo.

No importa el resto. No importan el centenar de coincidencias de los días después o los miles de días sin poder dejar de hablar. No importa tampoco el día que decidimos dejar de hacerlo. En miles de universos paralelos, un 19 de octubre de 2013, Emilia se despertaría al otro día con el siguiente mensaje esperando por ella.

“Emi, la verdad, fue un gusto la charla de anoche. Debo reconocer que sos una muchacha por demás interesante.
Cuando quieras, estás más que invitada a ser conejillo de india de mis experimentos gastronómicos y a continuar todo lo que quedo pendiente por conocer.
Un abrazo bien sentido…”

Y así comenzaría una de esas historias que lo valen todo

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Temporada de conejos

Publicado: 28 noviembre 2013 en De la gente que quiero

Monnt - Listo, llamala...

Más de una vez he pensado en dedicarle un cuadro (o gigantografía) a este ¿chiste? de Montt, más aún después de haber conocido en persona al groso de su autor en alguna feria del libro. No porque todo acto que siga al cuore deba ser, de por si, insensato, sino porque el otro se merece cada tanto una buena paliza que nos libere de rebusques, enrosques y tonterías que nos frenen de actuar ahí, en el momento y minuto adecuado. Ya llegaremos a eso…

Hace exactamente un año atrás anunciaba la vuelta de página, el año de lo desconocido. De fluír sin preguntar. La página en blanco. La oportunidad para subirnos por una vez a la ola del guionista y dejarnos llevar, decidiendo, si, pero sin esa terca necesidad de luchar contra la corriente.

¿Y qué puedo decir? Nuevas amistades dicen “presente”, trayendo consigo sonrisas frescas y abrazos sentidos. Viejas amistades se potencian y están al pie del cañón. El cariño se siente a manos llenas…

Si faltaba algo, las temporadas de mi muy personal sitcom pasan y, por suerte, una vez cada tanto me toca agradecerle al guionista. Verán, me encontraba hace poco puteando otra vez hacia arriba, preguntándome porque siempre mis historias con alguien comenzaban con este servidor armando un cubo rubic con una mano, desactivando una bomba con la otra y metido en medio de una habitación del juego del miedo (…con un reloj siempre tan cerca de ese famoso 00:00:01). Maravillosamente, apareció una de esas personitas especiales, de las que se meten por el rabillo del ojo, esas oportunidades mágicas que llegan a destiempo y que si no las sabes aprovechar justo, las perdiste (o que las mirás hacia atrás y decís: “NO, ¡era esa! ¡Ahí estaba! Y yo…”). Esas oportunidades que el guionista pone ahí para que siempre las pase por alto… solo que esta vez, no. 😉

Creo que tuve que gastar una pequeña epifanía para darme cuenta (y bueno, no: lamentablemente no curaré el cáncer) y pasar a la acción. Y después… JA! Es que las cosas se dieron tan simples, tan espontáneas, que, malacostumbrados al drama, terminan por sorprendernos. “¿Qué? ¿Cómo que dijo que SI? ¿Así? ¿De una? No, no puede ser. Tiempo fuera. Referí, venga acá…” Y encima, como somos boludos, mejor resulta: más cómplice, más dulce, más bella es la niña en cuestión… bueno, más aún nos cuesta creerlo.

El año de la página en blanco va llegando al final y con un cierre tan increíble como su inicio, viaje cruzando el Atlántico Sur incluído. Bate en mano y casi sin esfuerzo, el Cuore gana otra merecida batalla, dejando como objetivo, simplemente, pasarla bien. Y no hay caso, para el 2014, se anticipa un año de película

(… y que despertar a su lado me robe miles de sonrisas)

Quizás mañana…

Publicado: 18 diciembre 2010 en De la gente que quiero

Despido otro año más y se viene aquel de las grandes predicciones. Si lo comparo con el año pasado ha sido un largo ciclo de pasar de la entropía al dinamismo y ahora del dinamismo a la entropía una vez más. Un año de cerrar etapas, para dar comienzo a cosas nuevas, ya que el que está a punto de comenzar tiene las grandes decisiones a flor de piel.

La brújula sigue siendo la misma pero poco a poco vislumbro el importante cruce de caminos. Sí, la propuesta sigue siendo “Ser feliz”, solo que la pregunta ahora es el “cómo”. Se dibujan frente a mi diferentes versiones de mi mismo, diferentes facetas en las que puedo verme feliz. De las infinitas posibilidades, cuatro se solidifican y una de ellas se diluye en el aire por depender de alguien más.

Antes de decidir, antes de volver a darle paso al buscador de sonrisas en mi para que opte por esas diferentes posibilidades de futuro, miro hacia atrás, contento de que, casi sin más esfuerzo que proponérmelo, cumplí todos mis deseos de finales del año anterior.

Ahora, por los días que quedan, con Mr. Hyde en control de mis actos, a tratar de celebrar, a poner en marcha un nuevo viaje, sumar todo lo que dejó el año, empezar con las cuentas en cero y con la vista hacia delante…

(… y que las mariposas aparten de mi sus secretos…)

http://www.youtube.com/watch?i v=azX6RkxALbk

“Did he have passion?”

Publicado: 15 septiembre 2010 en De la gente que quiero

Mi película preferida tiene un final así. Un escritor de necrológicas, mejor amigo del protagonista, cuando da todo por perdido, le escribe su obituario, en forma de agradecimiento por haberle hecho creer en la magia. Y la dedicatoria comienza diciendo: You know the Greeks didn’t write obituaries, they only asked one question after a man died, ‘Did he have passion?’ (Saben que los griegos no escriben obiturarios, ellos solo preguntaban una cosa después de que un hombre muriera: “¿Tenía pasión?”)

Inventando cuatro palos más a la baraja, solo para tener más ases bajo la manga, terminé por jugar el as de estrella, luna, botella y hasta el de pata de conejo. Y jugándolos todos fue que pude encontrarle el sabor a la derrota. Porque como Ícaro cometí el grave error de querer alcanzar el premio más alto y no me arrepiento. De hecho, creo que Ícaro tampoco.

Soñamos, sentimos, arriesgamos… A veces ganamos y otras perdemos. Esta temporada llega a su cierre bien, con un final al menos digno, en el que me llevo no solo miles de sonrisas para el tesoro de mi memoria, sino tantas pero tantas cosas más. Me llevo la victoria de haber enamorado a aquella persona que no podía enamorarse, que no quería enamorarse, que no estaba en sus planes. Que hoy huye tras sus sueños, como no podía ser de otra forma, pero a la que pude desafiar a un nuevo sueño, que ella creía imposible.

Entre deseos a la luna llena de agosto (y la sonrisa de una luna de septiembre), con un príncipe que voluntariamente se encierra en la torre a escribir las huellas de tan linda historia, hoy mi corazón tiene gps y al menos puedo decir de una forma no eterea aquello de que “Ella está ahí afuera…”. Hoy solo queda atesorar todo lo bueno, aceptar toda la magia compartida y seguir adelante…

… hasta el inicio de un próximo capítulo

Un minuto antes de…

Publicado: 8 septiembre 2010 en De la gente que quiero

Una vez más, desafío al guionista por el control de la pluma.

En el proceso de dejarme llevar, de abandonar la razón y solo guiarme por la otra brújula (por la que vale), en medio de mucho dolor, me di cuenta de una nueva de sus trampas. El estático en nosotros, necesario para tantas cosas pero un idiota en cuestiones del amor, me ha tendido una gran red. Me hizo pensar que por hacer un bien mayor, tengo que conformarme que la historia tenga el gris final que ese tejedor ha escrito para mi.

Hoy Príncipe y Lobo se dan la mano. Don Juan y Mr. Hyde complotan juntos y no se que pueda salir de esto, pero ponen a ese malvado Sherlock Holmes a su servicio. Tras tantos años de tan puro antagonismo ni siquiera apuestan por quien va a tener la razón: saben que ambos se llevaran algo bueno de todo esto.

¿Por qué será que a veces nos cuesta releernos y pensamos tan erroneamente que el mundo solo tiene dos opciones? (O a lo sumo, tres…) Si resulta que hasta las cosas más alejadas pueden estrecharse la mano para un bien mayor.

Que motivo tan glorioso pasa por el mundo de lo sensible, que tras años y años de lucha, logre que al fin se pongan de acuerdo y me hagan recuperar mi centro. Y así ya habrá tiempo para nuevas estrategias del fenix…

¿Será simplemente que esta historia merecía un mejor final?

Comenzó su viaje y una parte de mi viaja en su equipaje. Alguna vez, a mitad de este prolongado escape a la vigilia, de un sueño dentro de otro, salió esto. Solo queda ponerle música. Decir más es, sencillamente, redundante.

De fantasía y realidad

Entre fantasía y realidad,
Ella era sol, era vida y todo
ella era amiga, compañera y modo
era princesa, era libertad…

Víctima del azar, se jugó un as
sin entenderlo, el cielo pudo probar
destino o sueño, imposible de alcanzar
Ya en la derrota, no pidió más

Por robarse ese momento de magia
por pintar por tres horas a este mundo de color
por arriesgarse a una vida de nostalgia
A catorce instantáneas de su amor
A catorce, a catorce instantáneas de su amor

El príncipe lobo dejará de ir erguido
agachándose, volverá entre la manada
olvidará esos locos cuentos de hadas
si la mejor fantasía ya ha sentido

Y vivirá de comer rosas marchitas
en otro momento, quizás le habrían salvado
y recordará aquel rostro hipnotizado
cuando la noche bajó entre sonrisas

Por robarse ese momento de magia
por pintar por tres horas a este mundo de color
por arriesgarse a una vida de nostalgia
A catorce instantáneas de su amor
A catorce, a catorce instantáneas de su amor

Y se atrevió a soñar
Y no quiso despertar
Y en seis meses o dos años o una vida volverá
capaz… de fantasía o realidad.

(…Y quiso que ella fuera feliz
sin importar lo que él quisiera…
)

Que gente linda!

Publicado: 24 junio 2010 en De la gente que quiero

Contrario a lo postulado por los hombres de gris (que creen haber tenido apenas un amigo en su vida y aún así, desconfían si no los cagó en temas de plata), la amistad es algo que trasciende las barreras de tiempo y distancia. Una persona puede ser un excelente amigo a miles de millas de distancia y ser esa voz que te reconforte en un gran momento de necesidad, así se trate de una carta, un mensaje o un chat. O que te de el consejo justo, que te permita hacer un crack y derriben las cuatro paredes de tu cabeza de las que eras incapaz de salir. Simplemente por estar… Estar ahí, cuando nadie más está. Por darse cuenta de lo que para otros es invisible. Un amigo puede perderse meses, años… Volver y, aún cuando no sean las mismas dos personas, seguir siendo ese gran amigo. O una persona que apenas empezás a conocer, pero ya desde el principio algo te dice que vale la media milla extra (… o incluso, la milla entera).

Hace días una personita sorprendió en este último de los sentidos. Cual la analogía de Shrek, una de esas personas que al deshojar la cebolla (y aceptando los defectos de cada uno) solo parece haber más y más cosas buenas… Justo con ella hablábamos de la gente gris, de como se estaba dejando abatir por un terrible desengaño sobre la gente de ciudad, de como todo el mundo le trataba de pisar la cabeza, de gente cuyo valor más alto va por la competitividad y la falta de escrúpulo.

No supe como explicarle lo contrario. Quizás por haberme dejado llevar por sus palabras, no supe mostrarle que hay otro tipo de gente dando vuelta. Que de un tiempo a esta parte, no dejo de encontrar y reencontrar personitas que, más allá de los problemas (inherentes a la condición de cada uno), se esfuerzan en dar lo suyo para sacar lo mejor de los demás. Y aunque crea cierto que la gente del interior tiene otra calidez innata, capaz de dar hasta lo que no tiene, quise explicarle que no necesita irse para encontrar lo mismo. Solo es cuestión de abrir un poco más los ojos. Y para eso, aunque lamentablemente no tenga registro de todos, no se me ocurre una mejor forma de dejarlo en claro que mostrarlo

(… que gente linda… que bueno poder quebrar lanzas por todos uds…)