Aquellos viejos demonios

Publicado: 10 julio 2013 en De la vida y todo lo demás

Hoy vengo con la más simple de las confesiones: escribir me ha salvado (Errr… ¿oremos hermanos? =P).

No, no, tranquilos, no es que ninguna secta (católicas ni de las otras) me usó la frente para tallar la ropa. Me refiero a que, confrontando más de alguna situación límite, bajar a papel la madeja de emociones descontroladas que suele invadirme (en un inglés de mierda: “of meat we are”), me ha traído mucha paz. Ha permitido sacarme de encima algo que está trabado, verlo desde lejos y darle la importancia que realmente merece. No como acto de control, sino de mera catarsis. Hay veces que tras releerlo me convenzo plenamente de que merece ser liberado al mundo. Otras, termina en un cajón, borrador, papelera de reciclaje u otra yerba, por ser mero veneno que no encuentro necesidad de acumular acá dentro: lo bueno es que si está escrito, no está acá en el pecho. Y no saben lo sano que resulta.

Otras veces tengo mucha, pero mucha suerte y de la relectura sale aquel escaso … “gesto superador“. El punto de vista que no había tenido, el que me permite trivializar la situación, cagarme de risa ante la estupidez que me tenía mal o darme cuenta de mi posible responsabilidad sobre lo que pasó y de la vuelta de tuerca para hacer algo al respecto. Ojo: acá nadie es un iluminado, pero que bueno es caer, de tanto en tanto, y poder darte cuenta a tiempo lo pelotudo que sos.

Escribir me ha liberado de rencores de antaño, ha llamado al olvido aquellos viejos demonios e incluso me ha permitido reírme de mis más grandes… ¿tragedias? Sepan disculpar, se me hacen tan tontas a la distancia. Si, seguro que hay alguna buena lágrima derramada (y con el tiempo transformada en sonrisa) para aquellas bellas personitas que supieron tocar el cuore. Y si algún rencor queda, por seguro será reservado para los que se metan con la gente que quiero. El resto solo son sanas decisiones sobre quien forma o no parte de la vida de este colgado, que siempre reserva una sonrisa para los que están y un buen abrazo para aquellos que sin querer perdió en el camino. Para el resto, un deseo de sincera y muy lejana felicidad desde el fondo del cajón del olvido.

Pero no quiero terminar esto así. Quería invitarlos a la práctica, a ver si a alguien más le sirve. A cuando nos queme el pecho o traigamos la mochila pesada, tomar un papel y descargar. A no acumular veneno innecesario, a mirarnos desde afuera. A poder decir: “Pero que pelotudo que soy”, con ganas. Y reír…

(… tras un sueño con volar, justo hoy me despierto con Osiris. Hace tanto que no lo escuchaba…)

Pd:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s