Memorias del tiempo lento

Publicado: 25 abril 2013 en De la vida y todo lo demás

Mirándome el otro día al espejo, me tocó tener una charla con mi yo pasado. El guacho estaba muy parecido, pero igual pude identificarlo: no solo eran la barba y el pelo, también le faltaban los 6 años extras en la mirada que supimos ganar durante el viaje a Europa. Tras la rutina amable de no pasarnos ni pedirnos el número de la quiniela, se me enojó. Y se me enojó mucho. No entendía, bajo todo criterio, como yo podía dejar ir a la persona que él más amó, por la que movió cielo y tierra, la única por la que auténticamente se habría jugado un “all in”. Peor aún, le recalcitraba verme hacerlo con una sonrisa

Trató de despabilarme, de zamarrearme, me habló de mil cosas lindas que viví con ella, de todo lo que me despertaba, de las cosas que inspiraba en mi. Y yo, nada. Me hizo escuchar temas de otras épocas, me mostró fotos, me calzó las zapas y me llevó por recovecos olvidados, pero solo obtuvo un abrazo. No pudiendo más, me acusó de traidor, venido a menos, insensible, colgado, mala persona o descarriado. Y sabiendo que diciendo pavadas no me iba a llevar a ningún lado, me tiró una de esas frases asesinas:

“Tu miedo me mato un sueño…”

¿Y qué le iba a explicar? Si por un lado, había sido su miedo y no el mio, a dejarlo todo y salir de una vez a la ruta lo que quizás no le había dado mejores cartas a esa historia. Si aún así, nadie sabe como podrían haber cambiado las cosas: ¡están también los procesos de la otra persona! Quizás ella ahora era capaz de amar solo porque tuvo que afrontar nuestra pérdida, pasar por algún otro trago amargo y, sobre todo, aprender de todo eso. ¿Cómo saber a donde podría haber llevado ese camino? Lo dejé putearme un rato hasta que se cansó. Me vió un par de canas, me trató de viejo choto. Se rió. Preguntó por los sueños, le dije: “Muy bien. Muchos, lindos, nuevos. Propios.” Creo que se quedó tranquilo. Me dio la espalda y se fue.

Que bueno sería poder tener una charla con mi yo futuro, para ver donde anda, pero hago como que miro para adelante y solo está la hoja en blanco. Extraño un poco, quizás mucho, ese estado de viaje y ya no me parece que allá el tiempo pase más rápido, sino que ahora este es “el tiempo lento”. A mi costado, algunas cosas de a poco van echando raíces… quizás, quizás tenga que meterle más ritmo. Miro para adelante y que se yo, por ahí me divierte hacer como que miro cuando en realidad me quiero dejar sorprender…

(… y al pasar me dijo: “Que la vida disfrute de vos”…)

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comentarios
  1. Flor dice:

    ” Para nacer a un mundo hay que morir a un mundo”

  2. Park dice:

    Simbólicamente, al menos en el universo de mi cabeza, el cambio siempre será dinámico, mientras que la muerte, entrópica. La muerte provoca cambios, el cambio no requiere de la muerte. El cambio transforma, muta, resignifica. No presta atención a lo que deja de ser, sino aquello en lo que se convirtió. Para nacer a un mundo, solo hay que tener la voluntad de hacerlo… =)

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