Archivos para abril, 2012

Recibiendo las buenas nuevas de que uno de mis mejores amigos va a traer una nueva vida al mundo (y tocando mucha, pero mucha madera), con dos proyectos serios y varios casuales en marcha, surge una necesidad. La llamada interna se escucha, pidiendo cambio de horizonte. Y así, de repente, todo, pero todo se alinea en pos de ese camino.

Me propuse entonces hacer un viaje por mi y solo por mi, como aquel de hace 3 años atrás. ¿Donde esta vez? Europa, mochila al hombro y no de la forma en la que nadie más la haya visto. Es mi viaje. Perdón, refraseemos eso: es MI viaje. Nada de tumbas, catedrales ni museos. Un atardecer en París, una foto en el 221 B de la calle Baker, una danza de la lluvia en Stonehenge. Pasar por los castillos belgas. Recorrer Amsterdam en bicicleta. Quizás treparme hasta el Preikestolen. Perderme en Praga. Y terminar en el Carnaval de Venecia… (que extrañamente este año, comienza en enero).

Hace diez días dije “tengo ganas de…” y es increíble que todo se haya dado en pos de ello: los pasajes de avión más baratos de lo que pensaba, las ideas de por donde ir surgieron solas, el cierre del viaje en Venecia. Incluso me hice el pasaporte durante el fin de semana.

Dicho esto, no es ninguna novedad que el destino y yo somos antiguos adversarios (al menos con la sarta de guionistas que me han tocado). La vida me ha convencido que si quiero algo, primero tengo que remar a través del océano, resolver el acertijo de la efigie, recorrer el laberinto, matar al minotauro y hacer trampa para ganarme la lotería, solo para acceder a las 12 tareas de Hércules y con la suerte de mi lado, tener alguna chance de cumplir mi objetivo. No me malentiendan: a esta altura, gustoso le acepto el desafío. Lo raro es que esta vez el desafío pase solo por largarse a hacer…

Ya ampliaré la lista de lugares. Ya armaré una lista de retos a lograr y hasta quizás haga apuestas con mis amigos de cuantos logro cumplir a la vuelta. Por ahora, caminemos la pendiente cuesta abajo y agradezcamos que el guionista de turno y yo pensemos parecido. Ya habrá momento para hacerle honor a la frase: “Lo hice porque pude. Pude porque quise. Quise porque me dijiste que no iba a poder…”

Pd: Dejo algo de “Walk Off The Earth”. Excelente grupo. Van a dar mucho que hablar…

Momentos dormidos

Publicado: 9 abril 2012 en De la vida y todo lo demás

Sépanlo: realmente me molestan los momentos de incertidumbre.

Se que mil veces he abogado en pos de hacerse cargo de cada decisión. De hecho, tengo una moneda con dos cecas solo para hacerme acordar que aquello que elegimos como “Cara” es, en realidad, lo que elegimos. Sin embargo, existe justo ESE caso de que las probabilidades son 50 y 50. Donde la indecisión es exacta, precisa, el punto de desconcierto absoluto a mitad de camino entre dos hilos del destino distintos. ¿Puerta A o puerta B? ¿Izquierda o derecha? ¿Pasa… o no pasa? El maldito gato de Schrödinger

Al menos a mi, me pasa de encerrarme sobre mi mismo hasta darle una respuesta. Es el desafío sin salida. Cierro los ojos, busco lo que quiero y el cuore me responde: “No, no loco, a mi no me hagas cargo: a esta altura, yo ya no entiendo nada…”. Recurro a mil artimañas para tratar de romper ese balance. Trato de que una de las dos opciones cobre mayor fuerza como para tomar la decisión: correcta o no (no lo sabré hasta que el tiempo me lo demuestre), pero al menos a consciencia. Intento ver el tema desde mil posturas distintas… solo para ver que es eso. Binario. Si o no. Y uno parado en el medio.

Que grato que es entonces toparse con el oráculo de la casualidad. Sin que esté esperando una señal, la señal aparece. En la antigüedad se lo conocía como el “Kleidon”: meterse en una multitud con una pregunta en la cabeza y que lo primero que escuches sea tu respuesta. O como me pasó a mi, calzar los auriculares poner un tema al azar y sin querer, después de haberlo escuchado cien veces, por fin prestarle atención a la letra.

En mi caso, la letra hablaba de no permitir que la incertidumbre te congele. De que el sol no te ciegue el horizonte. Que lo que viene vendrá, bueno o malo, pero a futuro y no vale la pena que el presente se detenga por ello. Una invitación a caminar. A seguir adelante…