Salvar el odio…

Publicado: 5 febrero 2012 en De la vida y todo lo demás

(esto es algo que escribí antes de que el 2012 abra sus puertas y debería haber publicado en diciembre. Aún así, no quise que se pierda)

El 2011 llega a su fin. Año raro, lindo. Cualquiera diría que al fin cumplo un mandato social (el de colgar el título de “Licenciado” en la pared), yo lo veo como que mis días de estudiantes de periodismo quedan atrás, con el montón de recuerdos (la mayoría de buenos a excelentes) que eso me deja. Aún pienso en lo loco que es encontrar un dolar de la suerte antes de rendir la última materia y un trébol de 5 hojas minutos después de haberla aprobado. Por si me había propuesto buscar “magia”, hoy me sobran talismanes, de esos que solo cuentan y valen por lo que representan para uno (… y solo queda la búsqueda de uno más).

Quise pensar que me llevo y no volver a caer en mi lugar común, porque si hay algo obvio que me llevo de este año son una cantidad incontable de sonrisas, buenos momentos, el sentimiento compartido con nuevos y viejos amigos. Los encantos de caer y volver a caer por una escurridiza y bella princesa. Cosas de las que ya debo aburrir de hablar.

Entonces me puse a pensar en algo que haya sumado, porque también fue un año de sumar otros entendimientos. Quizás de esos que pasan por el rabillo del ojo. De esas cosas surgidas de la práctica misma que no nos dimos cuenta que aprendimos hasta que sin querer las ponemos en palabras para otro. Creo que a lo mejor, si tengo suerte, este año aprendí a no enroscarme.

Desde mi punto de vista, cual final de la película “Juana de Arco” de Luc Besson, el enrosque comienza cuando, de todas las posibilidades para que algo pase, llenamos los espacios en blanco con todo lo que corresponda a la posibilidad más chota. A veces incluso, el ocasional agente de gris planta intencionalmente la semilla de una posibilidad endemoniada. Y maquinamos, y maquinamos sobre esa terrible idea que pasa solo en nuestra mente (porque, casi de seguro, en nuestra cabeza es 100 veces peor que la realidad). Que egocéntricos que somos, que nos creemos capaces de suponer hasta el más mínimo detalle en el universo que tenga que ver con las causas para que algo pase. ¿Y las otras posibilidades? ¿La ridícula? ¿La absurda? ¿La de buena leche? ¿Esas no pasan?

El truco no es ignorar: salvar el odio es no dejar que nos afecten. Los juegos mentales, las “psicológicas”, las cosas que se ven o se saben y no pueden comprobarse, esa frase justa tan pero tan chota… ¿Tan chota? Date cuenta que no. La frase es una frase y nada más. Lo que uno supone o asume es solo eso. Todavía no sabemos siquiera si es verdad y cometemos el error de no dejar de pensar ni por un segundo en eso.

Y la única forma de evitarlo es desandar ese enrosque. Antes de asumir la peor de las posibilidades, ¿porque no asumir la más graciosa? O la más absurda. O pensar 10 o 15 formas distintas en las que algo haya pasado.

Créanme: resulta tan efectivo, que para que vuelvas a caer en un jueguito mental, hace falta un Jedi.

Hay una buena frase que dice que alguien, al provocar un daño, más veces lo hará por tonto que por malo. Abogando a eso, sobre todo con la gente cercana al cuore, prefiero disculpar mil tonterías bienintencionadas, permitirle a los otros fallar y reírnos de eso antes que considerar que buscaran la herida a propósito.

Por muchas charlas que despejen malos entendidos, por todas las chances que estemos dispuestos a dar, por todas las risas que salgan de eso…

… por un 2012 lleno de huellas.

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