Archivos para septiembre, 2011

Endings

Publicado: 30 septiembre 2011 en De la vida y todo lo demás

Criado por la vieja colección de “Elige tu propia aventura”, evidentemente soy de la generación de los finales alternativos. Nunca pude llevarme bien con los finales convencionales, con los cuentos que simplemente empiezan y terminan recorriendo un camino predeterminado. La historia nunca fue la historia en si misma: era poder descubrir ese final al que me estaba dirigiendo, adivinar como terminaba el libro o la película antes de que termine, sumergirme no solo en lo que estaba pasando, sino también en todo lo que podría pasar, lo que me ha llevado a experimentar agradables sorpresas, placenteras coincidencias y terribles decepciones.

Al parecer, estas pavadas nos van condicionando para la vida misma. Reconociéndonos idiotas, no nos damos cuenta que algo que aplicamos para la lectura, sin querer lo transformamos en un estilo de vivir: nos metemos en mil cosas con total entusiasmo y después nos cuesta un Perú (¿tan difícil será Atacama?) terminar algo. Tratamos de llevar algo hasta su final natural, pero disfrutando cada etapa todo lo que podemos, pecando en más de una oportunidad de estirarlo tanto que termina por cansarnos, por llegar a un punto en el que solo queremos que eso termine.

Enteramente a lo personal, no estoy hablando de ninguna bella niña que transite por mi vida, sino de una carrera/tesis de Periodismo, un proyecto de trabajo y una mudanza, que encuentran todas a la vez su punto cúlmine en los primeros días de octubre… que me tienen malabareando cual pulpo de circo y no me han permitido disfrutar siquiera de un cálido y agradable inicio de primavera.

Y en ese complejo momento previo al salto, esos minutos antes de salir a escena, de llegar al desenlace, es cuando lo importante sale a la luz. Porque pudo faltarme el sueño o el alimento, pude llevarme al punto agotar hasta la última gota de fuerza que la voluntad me permita y bastó una sonrisa, un chiste, una risa… bastó el gesto más pequeño de esa gente que vale la media milla extra para renovar energías, para pararme cuando creí apoyar la rodilla al suelo, para poder levantar cabeza y arremeter de nuevo.

Porque son esas sonrisas las que hacen que levantarse a la mañana sea sencillo. Las que hacen que pese a todo, no pese tanto. Las que nos permiten caer en cuenta que cerrar una etapa no es darle final a todo, sino rescatar todo lo bueno que deja la anterior, recuperar aquello que nos hace bien y poder decir “Ahora, a lo que viene…”

Y que nuestra vida tenga más de “Continue…” que de “Game over”

Los viernes a la mañana de trabajo son una directa contradicción con los jueves de joda por la noche. Con suficiente alcohol y cafeína/taurina en sangre como para matar a un mamífero pequeño (sí: tampoco que soy tan alto), miro el reloj y veo como los minutos se piden permiso unos a otros para pasar. “Pase usted…” “No, faltaba más, pase usted…” “No, no, no podría…”. Maldita física amable.

(Ups. Creo que se me cayó un bizcochito: tardó hora y media en tocar el piso…y no saben el ruido que hizo)

Por algún extraño motivo pienso que con la suficiente cantidad de cerveza y energizante, podría detener el tiempo. Lo malo es que durante todo ese momento de resaca infinita, no querría otra cosa que pegarme un tiro…

Siempre me asombró (y a otra gente también) esa habilidad para escribir mensajes elocuentes estando completamente borracho o tras estarlo. De alguna forma es extraño porque a eso de las 5 o 6 de la mañana es común delirar con todas esas cosas que uno piensa hacer cuando se levante. Cosas que en ese momento nos parecen completamente lógicas, desde algo tan simple (y falso) como “Total, me levanto y me ducho para no ir al laburo apestando a boliche” hasta el mucho más inverosimil: “Total, me levanto 7 y cuarto, me baño, cambio, salgo a correr, saco al perro y para las 8 y 20 ya curé el cáncer”. Eso o el plan nunca llevado a cabo de tirar un gato atado con una tostada del lado de la manteca en el lomo y ver de que lado cae.

Pero más allá de desafiar a esa física que en este momento se disculpa por no ser comprendida, me pregunto como corno estoy despierto. No solo hoy, en cantidad de otras oportunidades que he desafiado al sueño, al hambre, al mal humor… A una cantidad abrumadora de cosas estáticas que tratan ferreamente de imponerse.

(Carajo: el que dijo “Calavera no chilla”, no sabe una mierda de anatomía. Mucho menos de resacas…)

¿Será que hay que tener la voluntad entrenada? ¿Seré tan cabezadura que prefiero pelearle al sueño las horas, al hambre la verdadera necesidad o resistir al mal humor con una reserva de incontables sonrisas robadas?

(Ok, ahora el tiempo parece retroceder y siempre es hoy cuando llegué al trabajo. De hecho, tengo miedo de en cualquier momento verme entrar por la puerta…)

No digo que busquemos doblar cucharas con la mirada (“There is no spoon…”), pero es tan cierto que la voluntad todo lo puede. Recuerdo que una amiga me hablaba, como algo que le pasaba de repente, de que ultimamente no se sentía linda. Claro, era incapaz de desandar el círculo vicioso: estaba apagada, como gris, porque, justamente, no se sentía linda. Le hacía falta sentirse bien con si misma, sumar actitud, poner una sonrisa en la cara para volver a ser tan bonita como siempre. Estaba gris por no sentirse linda y no al revés. Y quizás lo único que necesitaba para desandar ese camino es que alguien se lo hiciera notar…

Han pasado un par de horas desde que comencé a escribir esto y para esta altura ya me creo una persona normal… Lástima que esa persona cree llamarse Mario, ser plomero y no tener idea de que corno hace en una oficina. Aún así, peleándole los minutos al sueño, robándole horas a la vida (ya dormiré cuando esté muerto), nadie niega lo bueno que está juntar fuerza de voluntad, tomar envión, calzarse la capa y sentirse Superman por un rato (o Batman… aunque Batman necesitaba dormir al menos una hora, el muy perezoso…). Pero no olvidemos, sobre todo cuando nos vemos presionados entre mil cosas, cuando el guionista apreta, tratemos de recordar que no lo somos y buscaquemos un buen hombro de donde apoyarnos: donde juntar fuerzas y salir al ruedo con la mejor sonrisa y diciéndole a la vida que podemos parar balas con el pecho…

… porque quizás el truco es darse cuenta que realmente nunca hubo una cuchara =)