A destiempo…

Publicado: 14 junio 2011 en De la vida y todo lo demás

Recordando como el buen Ismael habla de que no existen otros amores que aquellos que surgen a primera vista, me puse a pensar en las “segundas vistas”, tan comunes en mi (aquellos rayos que te pegan por alguien que quizás ya viste y, a su vez, que no supiste ver en un primer momento) y eso me llevó directamente a reflexionar sobre las inoportunas faltas de coincidencias: Los destiempos. Que gran trampa de lo gris. De repente, como signo de una época, ahora no solo hay que encontrar el amor, sino que se nos impone saber encontrarlo en el momento correcto.

Caso 1 – Los que parecería que creen en el karma y dejan todo para una próxima vida: “Sos la persona para mi, mi alma gemela, aquel con el que siempre soñé, del que creo que me podría enamorar… hasta hace dos meses atrás. Ahora no. No puedo, no quiero, no me cierra, estoy en una de esas etapas. Quizás dentro de dos o tres años, ¿viste? Eso siempre que no me case, tenga 6 hijos o me atropelle un micro pasado mañana cuando vaya a comprar leche al supermercado…”

Caso 2 – Los economistas del querer: “Siento que es hasta acá. ¿Hasta allá? No, no se, por ahí. ¿Que vos ya sentís eso? Ah, no, no. Mejor cortemos porque yo solo siento esto y en el cambio salgo perdiendo, porque no creo que llegue a sentir aquello otro que hace una semana atrás estoy seguro que sentía…”

Caso 3 – Melodramáticos y primerizos: “Me muero, me muero, ¿por qué me dijo A si sentía B y yo que lo quería C?!!!” (…uff…)

Mierda que somos gente complicada.

Nos hacemos tanto problema por lo que le pasa o le deja de pasar al otro que nos olvidamos de que es una persona pensante y sintiente, capaz completamente de decidir por su cuenta y aceptar lo que está en juego en la balanza. Así es como buscamos no herir a los demás y, tantas veces, en verdad no queremos arriesgar (aún a lo seguro) solo por no salir heridos. ¡Así no! ¡Cuanta cobardía, señores! ¡Así no se ama, no se quiere, ni siquiera se siente! Prefiero la respetuosa batalla contra los fríos, que ese eterno nada de los tibios. ¿Cuántas veces en vez de enfrentar los obstáculos, tiramos la toalla y buscamos otro objetivo? ¿Cuánta pasión hemos dejado morir en manos de la inconveniencia, la duda, la inseguridad y ese eterno “pero si ni siquiera se que es lo que quiero”?

(…y cuanta gana de decirle a tanta gente: “Si no sabés lo que querés, mejor ni salgas a la calle”)

Hoy estoy así, reaccionario. Con ganas de clavar en el centro del mundo un gran parlante y decirles a todos, a toda esa gente blanda, que se anime de una maldita vez. Que se anime a jugar, a soñar, a bailar, a querer, a herir y a salir herido. Si, yo también cante “freedom” al salir de una mala relación, pero mil tropiezos (o una atropellada) no me van a hacer dejar de apostar. Y sí, siempre abogué por “huellas y no heridas”, pero aún así es preferible una bienintencionada herida, antes que que la tibieza de los nadas. Mejor tirar al aire mil monedas que acumular tanto innecesario cambio en los bolsillos. Porque contra todo pronóstico, el tiempo es ahora…

Y aún si he de caer, cuando realmente haya cargado hacia la batalla, quiero ver quien se atreva a detenerme…

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