Archivos para febrero, 2011

Caminando solo, buscando en mil miradas una que te devuelva la complicidad, se cruzan un par otoños anticipados, que le roban días a este verano que no tendría porque terminar aún. Parece que con la época del año, los corazones pierden su calor y caen irrefrenablemente en la tibieza… y esa tibia confusión, nunca es buena consejera.

Cuando la nube impide saber que es lo que uno quiere, la inercia se da paso. Y terminamos actuando por rutina, moviéndonos sin sangre, no pudiendo dejar en claro porque hacemos lo que hacemos. Caemos en la cobardía de no hacernos cargo por los errores cometidos, los mambos propios… por todas nuestras decisiones: las que tomamos y las que dejamos pasar.

Nos hace mucha falta tomar aire y enfrentar cada cosa por lo que es.

Entonces, el primer paso es claro: algo tan simple como no dejar que te amarguen el día. Aunque no tengas ningún buen motivo para estar sonriendo, quizás por el capricho de resistir los embates de aquella gente o de aquellas cosas que buscan echar tierra a tu ánimo. Quizás por esperar que el karma esta vez se juegue con una buena. O solo porque lo malo no es tan malo ni tan terrible como parece. Porque “magnificar” solo es bueno si sirve para crear una anécdota que nos haga cagarnos un buen rato de risa.

Pese a todo lo que digan, yo sigo buscando amigas allí donde hubo amor… Amor donde pueda encontrar esa sonrisa y ese desafío. Certezas en los que gustan mentirme, confianza del que la perdió en mi, comprensión del que jamás me entenderá…

Y así, con la mente más clara, si mañana he de morir, que al menos sea en mi ley…

Renovando augurios

Publicado: 13 febrero 2011 en De la vida y todo lo demás

Y así fue… El cumpleaños número 32. El día que anticipé hace una década atrás y dije: “Yo para cuando cumpla 32 me veo…”. Tachemos entonces la lista, para no perder la costumbre:

– Laburando de lo que me gusta.
– Recibiéndome de periodista.
– Rodeado de una gran familia de buenos amigos.

La lucha contra lo gris sigue en alto. Perdimos algunas cuotas de inocencia, pero no dejamos de confiar en nuestros sueños. El mandato social nos sigue causando gracia. Mucha. La magia cotidiana sigue ahí, aún sorprendiéndonos. La esperanza cotiza en alza. Y a pesar de la literal costilla fisurada, seguimos en movimiento

Con un guionista que descansa la pluma hasta el próximo round, el viejo lobo, aceptando su papel de mentor, espera aleccionar un poco a ese nuevo fenix dispuesto a enfrentarlo. Los acordes tratan de que los encuentre entre esas seis cuerdas de luna. El viejito de pantuflas sigue mirando, a veces desde arriba, otras disfrazado, desde acá al lado. Siempre riéndose a carcajadas…

Ayer dio comienzo el año mágico. Y como buen soñador, no puedo sino seguir con la búsqueda de exprimirle un poco de color a este mundo no tan gris como nos gusta pensarlo