La leyenda de la palabra no escrita

Y me encontré escuchando sinsentidos. Personas que hablaban de viajes sin búsquedas. De lugares con cosas y sin personas. De la larga lista de asuntos que cada uno odia, festejando esas mutuas amarguras… Y me hallé odiando. Odiando quizás a la gente que odia… Odiándome por haberme dejado contagiar…

Entonces me di cuenta que el buscador de coincidencias en mi se encuentra quizás aletargado. De tanto navegar por la ceniza tratando de conciliar heridas no provocadas, ha vuelto a ser aquel que camina bajo la lluvia con anteojos oscuros. ¿Qué pasó con esa persona que hace un año se consideraba feliz? ¿Acaso todo lo que ha pasado en este año no ha sido para traerle más felicidad? En doce meses, la pregunta inicial de este blog, aquel salvador ¿qué es lo que quiero? ha encontrado incesantes nuevas respuestas. Certezas de que ciertos fragmentos de ensueño se han cristalizado en la vigilia. Tengo por seguro que soy más feliz que hace un año atrás, entonces, ¿qué es lo que falla?

Quizás es esa pregunta. A los quince años, cuando me topé con esa maravillosa pregunta (y respuesta a la vez) sobre la vida, pensé que una persona que sabía lo que quería era alguien que podía llevarse el mundo por delante, que podía enfrentar todo obstáculo, salir de todo desafío con la frente en alto, más allá de su resultado. A la distancia, me sorprendo de haber tenido la suerte de no haberme equivocado. Pero quizás hoy no es la pregunta correcta. Quizás hoy tengo que moverme en pos de nuevas preguntas…

¿Cuanta magia has dejado pasar hoy?

¿Cuando tuviste tu ultimo acceso a la locura? ¿Cuantos libros viste gritar desde la vidriera de una tienda de usados? ¿Cuantos acordes que no supiste sacarle a la luna?

¿Hace cuanto que no hacés una apuesta solo por apostar?

¿A cuanta gente le preguntaste últimamente cual era su sueño?

¿Cuál fue la última sonrisa que robaste?

(… porque nacidas en la vigilia, encontraran sus respuestas fuera de esta…)