El granito de arena…

Publicado: 18 octubre 2010 en De la vida y todo lo demás

He descubierto cuan sana es la relectura de las Crónicas del Angel Gris, de ese sabio manual de supervivencia para soñadores en espacios urbanos. Es casi tan lindo como dedicar una mañana a andar en bicicleta o como caminar a pie desnudo sobre el pasto de una plaza…

Siempre hay una frase nueva que surge y alimenta al espíritu ahí, donde uno empezaba a sentir hambre u otros vacíos peores. Rescato en esta ocasión aquella frase del final del capítulo sobre la “Magia en Flores” que dice que “Hay -antes que nada- un deseo de poner orden y concierto allí donde había caos. Toda actividad mágica implica la suposición de que el universo tiene un fin preestablecido y que nada ocurre por casualidad…” y así Dolina buscaba un duende atorrante que le sirva para entender que el mundo no es solamente una vulgar colección de lo que se ve y se toca.

No compartiendo tanto aquello de un plan que involucre hasta el último detalle y confiando en que, desde que nos fue dada la creatividad, somos capaces de aportar un nuevo caos a este lindo sueño de vigilia en el que nos han dado chance de ser protagonistas, convénzanse de una vez: es mucho lo que podemos aportar al mundo solo por buscar ser felices. De a uno. Cada cual por lo que quiere siempre que sea en favor de los demás (o cuando menos, que joda lo menos posible). Los grandes planes y destinos son más como mechas en nuestro interior que esperan solo la chispa adecuada para prenderse…

Y siempre va a haber un alma, o dos, o cien que quieran impedir nuestros sueños. O que les joda nuestro intento de felicidad. Porque si, como ya afirmé hace poco, el mundo es tonal. Nada es tan blanco ni tan negro como para que no destiña a la luz de otros ojos. Siempre vamos a estar jodiendo a alguien, aunque sea lo último que querramos, aunque tengamos la intención más pura, aunque hagamos las cosas por buscar la felicidad propia y ajena, en favor de… y en contra de nadie.

Y así es como nadie nos va a venir a decir como ser felices. De hecho, es más seguro que escuchemos soluciones grises hasta agotarnos y nos crucemos con un millón de “conformate” antes de encontrar apenas nuestro primer: “Hace lo que sientas”. Mil ideas que aunque no quieran, envenenan y, aunque no sea fácil, unas pocas luces cálidas, cercanas al cuore, que nos hablan de lo bien vivido, de lo sano, de las coincidencias, los gestos imperceptibles y las pequeñas cosas que han sabido iluminar nuestra cara en el pasado.

Porque las grandes soluciones en el mundo no empiezan con grandes marchas, movilizaciones armadas o revoluciones populares. Las grandes soluciones siempre han tenido cuna en lo más simple. Que mejor entonces que tratar de empezar por una sonrisa…

(… así sea una sola y, a veces, robada. Porque el mundo cambia de una persona a la vez…)

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