Archivos para octubre, 2010

Rituales

Publicado: 29 octubre 2010 en De la vida y todo lo demás

Reflexionando sobre un aburrido mundo donde tengamos acceso a cualquier “porqué”, agradezco a la creación que nuestro hambre por buscar explicaciones encuentre un equilibrio en ese misterio universal de que por cada respuesta se abran dos nuevas preguntas. El día que todo tenga sentido, que no haya nada más que preguntar, que todo nos sea dado. El día que alguien pueda encontrar la razón de por qué me enamoré de alguien… se que ese es el día en el que voy a haber perdido mi lugar en este mundo.

Mientras tanto, frente a lo innecesario de cuestionarse cada cosa que nos pasa, decidí optar por el práctico ritual salvador que me permita escapar a lo inexplicable. A las voces que cuestionan sin escuchar, a los silencios que esparcen el vacío por mi pecho a pesar de que en su interior haya un fenix que se resista a morir. Esquivar el odio. Atesorar las cosas buenas. En mis años de perder el centro, lo más sano que pude encontrar son una serie de pasos para poco a poco volver a dar con él. Quizás escribir lo que siento para que esté en el papel y no en el cuore. Pagar las deudas contraídas. O elegir 5 canciones que me llenen de nostalgia, que activen mis recuerdos, que me sumerjan de tristeza, que hagan quemar toda la ira y por fin, me permitan levantar cabeza y mirar al horizonte.

Ocurre quizás que esta vez el sentimiento es muy grande. Demasiado lindo para simplemente dejarlo morir, como a uno más, pese a que di mi palabra de que así lo haría. La suerte, el destino o la ocasión del recambio de guionista (que desde la última temporada, ha sido un excelente guionista. Comprenderan: como todo guionista, carece de bondad, pero al menos escribe unas historias de la puta madre…), me llevaron a repasar viejos libros perdidos, tratados de runas, nórdicos y de mis pocos acercamientos a las leyendas de su magia. Y justo llegó a mi aquello de que los escandinavos de antaño forjaban las runas de sus espadas frente al fulgor de la batalla, porque creían que imprimiendo grandes sentimientos en ellas es que se volverían épicas. Esto hacía que cada runa solo pudiera ser forjada por su dueño. Sumado a las historias de las primeras brújulas de sol y a alguna búsqueda personal, así fue que se despertó la chispa creativa…

Con los rituales en proceso, hoy al menos recupero algo de paz. Porque algo en mi sabe que, pese al tiempo que me lleve, cuando termine este último habré cumplido mi promesa y la habré dejado ir…

(“… porque, como diría Drexler, uno solo conserva lo que no amarra…”)

(… porque con la paciencia de su lado, no haría nada que fuerce aquel mágico deseo…)

Solo una serie de desvaríos más para “Te quise en miércoles”. No me hagan mucho caso…

“Me dejó ese gusto a los amores de invierno que terminan en primavera… Y mientras la observaba a la distancia, se fue caminando con la determinación de los que no miran atrás, pues saben que el futuro traerá todas las respuestas… Entonces supe que a ella la querría como a esas personas que siempre estuvieron en mi camino. Esas personas que, en la memoria, parece que siempre estuvieron allí. Que eran parte de mi vida, aún, mucho antes de conocerlas…”

“Esa particular historia que aún antes de empezar, ya tuvo mil primeros besos y otras tantas despedidas…”

“El amor no es más que otro sueño. Podemos recorrer mil lugares paradisíacos hasta que decimos ‘Este es mi lugar en el mundo’, como podemos atravesar mil historias hasta decir ‘Este es el amor de mi vida’. Que el sueño mantenga su magia depende de aquellos que formamos parte de él, de nuestro sentir, de como nos dejemos enamorar y de las cosas que hagamos para que esa ilusión no destiña…”

“Me dijo que, al igual que yo, no creía en los para siempre. La diferencia es que, esta vez, yo quería creer…”

“Porque aunque todo en nosotros cambie, hay cosas que simplemente nos definen. Que dicen al mundo quienes somos, que estuvieron allí desde el día uno y se irán con nosotros más allá de la tumba. El bastión de identidad inamovible frente a tanto nuevo impulso irrefrenable…

Apoyado en eso supe que hay cosas naturalmente buenas que siempre quise para mi vida y que mientras el gris cemento de lo urbano no logre enterrar un puñal en mi alma, seguiré queriendo para mi. La entrañable compañía de esa dulce y cómplice princesa, de esa compañera perfecta para el viaje. De alguien que pueda considerar mi igual pese a nuestras muchas diferencias. Porque así lo que quiera para mi vida es el cambio, me permito soñar con alguien que también guste del movimiento…”

“Se llevó parte de mi corazón y sólo de ella depende que pueda recuperarlo. No puedo albergar esperanza de ello, así que, como uno de los tantos rituales para seguir adelante, guíado por los maestros artífices que aún tenían capacidad de crear sin medir, de creer que el mundo es más que un catálogo de lo que puede explicarse, forjaré una brújula que entre destino, fortuna y deseo guíe mis pasos. Porque después de querer tanto algo, de nada sirve preguntarme simplemente lo que quiero…”

“De pronto sintió como sus huellas comenzaban a borrarse y decidió que debía encontrar una forma para que nada ni nadie se la arrebaten de su memoria…”

He descubierto cuan sana es la relectura de las Crónicas del Angel Gris, de ese sabio manual de supervivencia para soñadores en espacios urbanos. Es casi tan lindo como dedicar una mañana a andar en bicicleta o como caminar a pie desnudo sobre el pasto de una plaza…

Siempre hay una frase nueva que surge y alimenta al espíritu ahí, donde uno empezaba a sentir hambre u otros vacíos peores. Rescato en esta ocasión aquella frase del final del capítulo sobre la “Magia en Flores” que dice que “Hay -antes que nada- un deseo de poner orden y concierto allí donde había caos. Toda actividad mágica implica la suposición de que el universo tiene un fin preestablecido y que nada ocurre por casualidad…” y así Dolina buscaba un duende atorrante que le sirva para entender que el mundo no es solamente una vulgar colección de lo que se ve y se toca.

No compartiendo tanto aquello de un plan que involucre hasta el último detalle y confiando en que, desde que nos fue dada la creatividad, somos capaces de aportar un nuevo caos a este lindo sueño de vigilia en el que nos han dado chance de ser protagonistas, convénzanse de una vez: es mucho lo que podemos aportar al mundo solo por buscar ser felices. De a uno. Cada cual por lo que quiere siempre que sea en favor de los demás (o cuando menos, que joda lo menos posible). Los grandes planes y destinos son más como mechas en nuestro interior que esperan solo la chispa adecuada para prenderse…

Y siempre va a haber un alma, o dos, o cien que quieran impedir nuestros sueños. O que les joda nuestro intento de felicidad. Porque si, como ya afirmé hace poco, el mundo es tonal. Nada es tan blanco ni tan negro como para que no destiña a la luz de otros ojos. Siempre vamos a estar jodiendo a alguien, aunque sea lo último que querramos, aunque tengamos la intención más pura, aunque hagamos las cosas por buscar la felicidad propia y ajena, en favor de… y en contra de nadie.

Y así es como nadie nos va a venir a decir como ser felices. De hecho, es más seguro que escuchemos soluciones grises hasta agotarnos y nos crucemos con un millón de “conformate” antes de encontrar apenas nuestro primer: “Hace lo que sientas”. Mil ideas que aunque no quieran, envenenan y, aunque no sea fácil, unas pocas luces cálidas, cercanas al cuore, que nos hablan de lo bien vivido, de lo sano, de las coincidencias, los gestos imperceptibles y las pequeñas cosas que han sabido iluminar nuestra cara en el pasado.

Porque las grandes soluciones en el mundo no empiezan con grandes marchas, movilizaciones armadas o revoluciones populares. Las grandes soluciones siempre han tenido cuna en lo más simple. Que mejor entonces que tratar de empezar por una sonrisa…

(… así sea una sola y, a veces, robada. Porque el mundo cambia de una persona a la vez…)

Experimenté la felicidad:

Publicado: 13 octubre 2010 en Te quise en miércoles

(… tenía gusto a helado de tramontana y mascarpone…)

Otro prólogo para un capítulo de mi muy inconclusa novela corta / cuento largo, titulado “Te quise en miércoles”. Quizás algún día comparta el texto completo, hoy no quiero perder esto…

“No fue necesario nada complejo, más que animarse. Un gesto más, nacido del impulso más que de cualquier acto de razón. Una forma de demostrar que mis palabras se reflejan en hechos. Que todavía hay cosas por las que vale apostarlo todo y que, de darme una chance, lo haría sin pensarlo. Rodeados por un pedazo del paraíso, por un lugar donde se cumplen los deseos y por la noche se aprecian las estrellas fugaces, cometí el enorme pecado de ser feliz…

Sobraron palabras mías y silencios de ella. Los breves días se dejaron llevar entre el balance exacto de sonrisas y dejos de tristeza. Y así, con cada cruce de miradas, cada palabra no dicha tuvo su sello, su acceso, su cuota de pasión, de ilusión y de locura.

Le pregunté “¿A que tenés tanto miedo?” y me dijo: “A extrañarte tanto que quiera dejar atrás mis sueños…”

En la impotencia por resolver, jamás supo que hacer conmigo. Mientras que en mi mente, a cada paso, se tejían mil formas nuevas formas para estar con ella. Para ganar su corazón en cada amanecer, así lo pierda en cada puesta de sol. Con cada día vivido como páginas de un libro, ya ni ella ni yo sabremos sobre mañana…

Y hoy otros hablan sin entender lo vivido. Y ella seguramente busca formas de manejar todo esto, apelando a lograr un odio imposible o una indiferencia condenada a extinguirse al tercer suspiro.

Y aunque trate de llamarme al silencio en un perfecto día después, mi promesa seguirá en pié. De alguna forma, llegará a mi su llamado y cuando ella realmente me extrañe, allí estaré. Pues fui a ella como príncipe y si he de morir, ha de ser como tal. A partir de ahora, con la moneda en el aire, con su rostro siempre a mano y su sonrisa como bandera…

Y que sea… lo que… sea.”

Solo por dar…

Publicado: 4 octubre 2010 en De la vida y todo lo demás

Al menos durante los últimos 2500 años, todo gran pensador (no cito nombres para no aburrir), se ha preguntado si el hombre es, por derecho, naturalmente malo o bueno. Como suscribo a aquello que no hay tal cosa como blanco o negro sino que todas son tonalidades en realidad, traigo a colación algo que llamó poderosamente mi atención. Aún el más acérrimo defensor de la perversidad del hombre, aún aquellos que apoyan que si nos dejaran nos mataríamos unos a otros sin dudarlo, considera que hay un código dispuesto a respetar, aquel que surge del contrato con su sociedad: La deuda.

La deuda implica algo a cumplir que nos mueve a actuar en un interés que no sea el nuestro. Aún con la certeza de que la vida misma dependiera de un hilo, de que saldada esta nada impediría que uno mate al otro, el interés común, el contrato social, la necesidad de ese otro que es útil a nuestro interés, mantendría el status quo entre ellos. Esto es una doble tranquilidad para los hombres de gris, ya que les permite elegir que deudas contraer (o cuales prestar) y, a su vez, les posibilita crear enemistades no necesariamente mortales, incluso sin motivo, permitiendo encontrar culpables externos a la miseria propia.

Es por eso que a veces les resulte tan extraño el hecho de dar por dar. La gente de otoño se siente rápidamente en deuda: les cuesta comprender el concepto. Desconfían. Quizás otros han jugado con su ilusión tantas veces que la reacción más natural es pensar que hay una razón más. Un interés al que responde el gesto. Un compromiso contraído sin que ellos así lo hayan querido. Y, con los soñadores, el motivo más probable es, de seguro, el más evidente. El de lograr que a través de un gesto, de robar una sonrisa, esa persona triste recupere su color…

La vida es una seguidilla de sorpresas. Una montaña rusa de lentos ascensos y grandes caídas, en las que si no gritamos, si no nos permitimos sacar el aire de nuestro pecho y en consecuencia, tomar una larga bocanada, terminamos ahogándonos. Batallemos cada tonto fantasma interno, apostemos a las decisiones que salen del cuore, seamos capaces de hacernos cargo de lo que sentimos a cada paso del camino. Arriesguemos, ni que más no fuera por sentir que es lo correcto…

Y así, aunque perdamos, aunque no lleguemos a buen puerto, aunque confiemos y seamos defraudados, a través de estas pequeñas cosas en algún lugar del universo, algún contador habrá sumado en nuestro favor. Algo en nuestro interior hablará de coherencia. Algún piadoso guionista futuro, con una pizca de justicia divina en su pluma, dirá: “¿Y ahora? Ahora viene lo bueno…”

(… una larga bocanada de aire y luego, paciencia…)