Archivos para septiembre, 2010

Todos, tarde o temprano, enredados en las terribles redes de lo estático, hemos formado parte de lo gris. Abatidos por el mundo en su incesante pérdida de color, agachamos cabeza y recorrimos sus caminos repetitivos y monótonos arrastrado los pies con poco sabor de boca más que al de la ceniza. Gente gris. Hombres y mujeres de gris que cada tanto escapamos a esa condición a través de nuestros sueños, desafíos, sentimientos, o bien, a través de la locura.

Pero la gente gris, en el peor de los casos, solo apunta no modificar el status quo. A dejarse llevar por lo que le toca. Si solo fuera por ellos, la realidad no tendría defensa contra los soñadores. Es aquí donde entran en juego los Agentes de Otoño. Aquellos que buscan la eliminación de todo vestigio de color. Como mencioné alguna vez, los tacaños en gracias y perdones, los pisadores de cabezas, las madres sobreprotectoras, los combatientes por las monedas del vuelto… Aquellos empleados de ventanilla que detestan su trabajo. Y, porque no, los tan consabidos “refutadores de leyendas” del barrio de Flores.

En algún punto, una de estas personas de otoño (seguramente algún despechado recaudador de impuestos devenido en poeta que nunca aprendió a rimar) introdujo las siguientes definiciones en la lengua castellana, en pos de guiar a los hombres y mujeres de gris en la eterna búsqueda de la chatez espiritual, la superficialidad y de establecer ese triste parámetro de normalidad:

  1. Buscar Pareja: Acto de elegir a alguien a quien aferrarse con el fin de…
    • A. Obsesionarse con esa persona.
      B. Cambiarla hasta que sea lo que creemos que queremos.
      C. Cumplir algún mandato social.
      D. Acomodarse económicamente.
      E. Matar el tiempo.
      F. Todas las anteriores.
  2. Comodidad: Reservar del mundo solo un rincón tranquilo. Fin último de los hombres de gris. // Palabras asociadas: Conformarse // Antónimo: Arriesgar, jugarse.
  3. Conformarse: Acción de aspirar a poco y arriesgar lo mínimo para mantenerse dentro de los parámetros de normalidad. El límite de dicha acción es la comodidad. // Antónimo: Animarse a más…
  4. Imposible: Todo aquello que escape a los límites de la razón, incluso cuando los hechos demuestren lo contrario. Corolario de esta definición es aquella que dice que “Nunca dejes que los hechos arruinen una excelente teoría”. O como supo explicar alguna vez el maese Dolina, si alguien dice: “Luciano vuela!”, la gente gris responde: “Luciano es hombre. Los hombres no vuelan. Por lo tanto, Luciano no vuela” (en vez de mirar para arriba…)
  5. Límite: Barrera inexpugnable de negación creada por la razón para separar al mundo entre lo “posible” y lo “imposible”.
  6. Negación: Principio de orden y cordura. Negar lo que genera un esfuerzo al entendimiento es más cómodo que confrontarlo.
  7. Normalidad: Parámetro de medida media en la mediocridad. Forma de inclusión en un mundo seguro y sin sorpresas.
  8. Matar el tiempo: Actividad favorita de la gente de otoño, que se divide en no hacerse cargo, buscar a quien echarle la culpa de sus miserias, envidiar y menospreciar toda muestra de color, aplastar los sueños ajenos y ejercer el ecepticismo. Su principal motor, es, por supuesto, el aburrimiento.
  9. Pareja: Persona con la que se está por sexo, dinero, culpa, para matar el tiempo o, como no podía ser otra forma, porque resulta cómodo.
  10. Quejarse: Forma de resolver problemas. Mayor es el volumen y la magnitud que se le da a la queja (por pequeña que fuera su causa) y el énfasis que se pone a esta, más efectivo el resultado obtenido.

Que sirva entonces de detector, pues cuando sin querer hayamos caído en alguna de las máximas (… de las malas palabras…) aquí mencionadas, es porque habremos dejado morir una sonrisa…

“Did he have passion?”

Publicado: 15 septiembre 2010 en De la gente que quiero

Mi película preferida tiene un final así. Un escritor de necrológicas, mejor amigo del protagonista, cuando da todo por perdido, le escribe su obituario, en forma de agradecimiento por haberle hecho creer en la magia. Y la dedicatoria comienza diciendo: You know the Greeks didn’t write obituaries, they only asked one question after a man died, ‘Did he have passion?’ (Saben que los griegos no escriben obiturarios, ellos solo preguntaban una cosa después de que un hombre muriera: “¿Tenía pasión?”)

Inventando cuatro palos más a la baraja, solo para tener más ases bajo la manga, terminé por jugar el as de estrella, luna, botella y hasta el de pata de conejo. Y jugándolos todos fue que pude encontrarle el sabor a la derrota. Porque como Ícaro cometí el grave error de querer alcanzar el premio más alto y no me arrepiento. De hecho, creo que Ícaro tampoco.

Soñamos, sentimos, arriesgamos… A veces ganamos y otras perdemos. Esta temporada llega a su cierre bien, con un final al menos digno, en el que me llevo no solo miles de sonrisas para el tesoro de mi memoria, sino tantas pero tantas cosas más. Me llevo la victoria de haber enamorado a aquella persona que no podía enamorarse, que no quería enamorarse, que no estaba en sus planes. Que hoy huye tras sus sueños, como no podía ser de otra forma, pero a la que pude desafiar a un nuevo sueño, que ella creía imposible.

Entre deseos a la luna llena de agosto (y la sonrisa de una luna de septiembre), con un príncipe que voluntariamente se encierra en la torre a escribir las huellas de tan linda historia, hoy mi corazón tiene gps y al menos puedo decir de una forma no eterea aquello de que “Ella está ahí afuera…”. Hoy solo queda atesorar todo lo bueno, aceptar toda la magia compartida y seguir adelante…

… hasta el inicio de un próximo capítulo

Un minuto antes de…

Publicado: 8 septiembre 2010 en De la gente que quiero

Una vez más, desafío al guionista por el control de la pluma.

En el proceso de dejarme llevar, de abandonar la razón y solo guiarme por la otra brújula (por la que vale), en medio de mucho dolor, me di cuenta de una nueva de sus trampas. El estático en nosotros, necesario para tantas cosas pero un idiota en cuestiones del amor, me ha tendido una gran red. Me hizo pensar que por hacer un bien mayor, tengo que conformarme que la historia tenga el gris final que ese tejedor ha escrito para mi.

Hoy Príncipe y Lobo se dan la mano. Don Juan y Mr. Hyde complotan juntos y no se que pueda salir de esto, pero ponen a ese malvado Sherlock Holmes a su servicio. Tras tantos años de tan puro antagonismo ni siquiera apuestan por quien va a tener la razón: saben que ambos se llevaran algo bueno de todo esto.

¿Por qué será que a veces nos cuesta releernos y pensamos tan erroneamente que el mundo solo tiene dos opciones? (O a lo sumo, tres…) Si resulta que hasta las cosas más alejadas pueden estrecharse la mano para un bien mayor.

Que motivo tan glorioso pasa por el mundo de lo sensible, que tras años y años de lucha, logre que al fin se pongan de acuerdo y me hagan recuperar mi centro. Y así ya habrá tiempo para nuevas estrategias del fenix…

¿Será simplemente que esta historia merecía un mejor final?