Permuto reino por caballo…

Publicado: 8 julio 2010 en De la vida y todo lo demás

(… y la princesa dijo al caballero de azul: “Tu no eres mi príncipe”…)

Así comenzaba el segundo capítulo de algún… ¿cuento? ¿novela? inconclusa que algún día me veré obligado a retomar y se enlaza directamente con una reciente charla de café que tuve, de esas que, paradójicamente, carecen de café y se hacen a través de la red. Uno de los grandes aprendizajes que me llevaré a la tumba es que cualquiera que diga no quiero compromisos está diciendo no quiero compromisos… con vos. Los hombres, raza tonta si las hay (mujeres a no vanagloriarse: no conozco a una de uds que no haya estado idiotizada por algún ex), aunque tratemos de disimularlo, hacemos honor a rajatabla a la sabia máxima del maestro Dolina: “Todo lo que el hombre hace por una mujer“. O mejor aún, una variante postulada por este servidor, de que “No hay cosa que no seamos capaces de hacer por la mujer correcta“.

(… por supuesto, lo que nosotros entendemos por “correcta“, suele alejarse de cualquier definición de diccionario y debería tener una etiqueta que diga: “Advertencia: Avanzar a esta muchacha puede ser perjudicial para su salud”…)

Revelaré entonces algo por los que muchos congéneres podrían matarme: piensen siempre que el común del hombre es simple. De hecho, es obvio. Si, efectivamente, por algún caso no hacemos el esfuerzo necesario, no encontramos la solución adecuada, si no movemos cielo y tierra para estar con esa muchacha (o mucho más simple: no volvemos a llamar), será porque, sencillamente, ella no nos importa lo suficiente. No se dió. No nos movilizó, no vino a sacudir nuestro mundo. Obviemos a los tibios. Hagamos a un lado a los que no están bien consigo mismos, a los que no tienen en claro lo que quieren o a los que simplemente salieron de cacería por apetito: Frente a la muchacha de sus sueños, cualquier tipo con una pizca de buena intención encontrará la forma de demostrarle por iniciativa propia su forma de sentir.

(… y cualquier muchacha de los sueños que no quiera perder ese status, dejará que él lo demuestre por si solo: ninguna forma más rápida de perder a un flaco que hacerle probar hasta donde es capaz de llegar…)

El remo, el verdadero remo, se reserva para aquellas que creemos que lo valen. Nadie dice que vayamos a acertar, pero hasta el lobo más feroz es capaz de arrancar una rosa con los dientes.

Dicho esto, y más convencido que nunca de que un 95% de las mujeres van a elegir al lobo feroz por sobre el príncipe; sin pena pero sin prisa, me embarqué en la imposible misión de encontrar a aquella princesita, aquella dulce muchacha, aquella cómplice para el camino… a la que pueda conquistar sin necesidad de tratarla mal. Sí, sí. Lo se. Tengo grandes chances de volverme monje budista. Pero quien sabe: alguien escaló los himalayas por primera vez, ¿quién les dice que no pueda ser yo?

y que el solo hecho de despertar a su lado, sea motivo para empezar el día con una sonrisa.

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