Asunto de perspectiva…

El verano queda atrás y da comienza a una etapa extrañamente anticipada, cuando 10 años atrás, una extraña banda de incoherentes, tirados a media luz sobre los colchones que tapizaban el suelo de la habitación de un amigo que usábamos cual cine clandestino, comenzó a delirar preguntándose: “¿Como te ves dentro de una década?”.

La que dijo que se iba a morir de cirrosis tuvo grandes problemas con ese tema, pero sobrevive. El que creía que iba a tener una idea revolucionaria a partir de la informática la tuvo, quizás no pudo venderla, pero la tuvo y eso le permite creer que es capaz de tener otra. El que no se veía futuro, ahora tiene un hijo en que depositarlo. La traductora se está doctorando. El matemático hoy es guionista de cine. La que creyó que podía jugar con el destino de los otros, hoy sufre los reveses del propio. El que dudaba si podía ser feliz, hoy encontró el camino para serlo. De los otros, poco se sabe. Y un servidor que se veía en un trabajo de prensa pero creativo, con un departamento como siempre quiso y recibiéndose de periodista, increíblemente, llega bastante parecido a lo que había imaginado (quizás le falta cumplir aquel proyecto de poder abrir un bar/café/lugar de encuentro y lo reemplaza poniendo su casa para ello).

Con la bola de cristal empañada, aún así teníamos pequeños vestigios del futuro, más sacados del como quiero que sean las cosas que de cualquier capacidad de ver más allá de lo evidente. Un horizonte lejano hacia donde apuntar. Una pintura a la cual darle pinceladas. Y aunque hayamos tenido que rasgar el lienzo dos o tres veces, algo muy bueno tiene que haber quedado ahí dentro, en nuestros sueños de jóvenes que acababan de pisar los veinte, para que hoy nos hayamos mantenido relativamente fieles a eso que nos habíamos imaginado.

Quizás será porque cada vez que tuvimos que empezar a pintar de nuevo una línea, un cielo y nosotros en el medio, recordamos poner cerca a las personas cercanas al cuore. O dejar un espacio para la nueva gente que de seguro lo vale. Quizás fue por usar el pincel grueso para las cosas materiales y el lápiz 0.05 para todas esas pequeñas cosas que nos hacen tanto bien. La persona que viene de la mano a nuestro lado puede haber variado constantemente, de rubia a morocha, a castaña, a pelirroja… pero siempre estuvimos convencidos de que encontraríamos alguien para nosotros. E incluso cuando dijimos “esta parte del cuadro está terminada”, le seguimos agregando detalles, solo para no perder la costumbre de superarnos.

Una nueva temporada se le está gestando a esta historia (con cast renovado y todo). Un nuevo fotograma a ese cuadro tan lleno de cosas, que antes de que me diera cuenta se había vuelto una película llena de momentos adecuadamente musicalizados. No hay que temer a los nuevos comienzos, ni a rasgar el lienzo mil veces, porque el volver a pintar todo lo que sabemos que nos hace tanto bien ya forma parte de nuestra memoria inmediata. Porque, por esas cosas que nos hacen ser quien somos y por toda esa gente que ha sabido tocarnos el alma por el camino, volver a empezar, nunca, pero nunca, va a ser empezar de cero