La búsqueda por hacer lo correcto

Publicado: 16 febrero 2010 en De la vida y todo lo demás

Todo en la vida son decisiones. Creernos que la culpa de lo que ocurre en nuestra vida recae sobre los hombros de un tercero, hacerlo verdaderamente responsable de caminos a los que hemos llegado por nuestra cuenta es una tontería. Si bien nos escapa la posibilidad de calcular la cadena de eventos que desatará el aleteo de una mariposa al otro lado del mundo, tenemos que aprender a aceptar nuestros errores. Nuestros pequeños tropiezos que son los que nos han llevado a donde estamos.

No creo que todo ocurra por algún mágico motivo. Por un plan perfecto que el… “Maestro” haya puesto en el camino. Desgraciadamente, mi idea de Dios usa pantuflas y si bien conoce más o menos a donde quiere llegar con cada uno, solo escribió las líneas generales. El resto, por mucho que nos pese, lo deja a nuestra cuenta. Y eso es lo que nos hace responsables directos e inmediatos de nuestra felicidad.

Cada mala decisión que tomamos es, al fin y al cabo, nuestra. Cada momento de duda, de inacción, cada falta de impulso y también, cada acción hecha en caliente, es una opción que elegimos tomar por el camino. Al fin y al cabo, así somos, así nos sale y a veces incluso por analizar de más y actuar de menos es que las posibilidades nos pasan por al lado (como en aquello de que la vida es lo que pasa mientras hacemos planes…)

Esta entrada iba a ser sobre aquella complicada enfermedad que involucra el darnos cuenta que no podemos controlar lo que sentimos, pero de repente encontré… De repente, recordé algo más significativo: Así como nuestra vida suele ser (más veces que las otras) una seguidilla de malas decisiones acumuladas y revueltas, existe un breve, un fugaz e imborrable momento en el que la oportunidad nos permite hacer exactamente lo correcto.

Quizás no sea lo mejor, quizás no sea lo que más nos conviene. Pero la posibilidad se presenta y, como si se tratara de una epifanía, algo muy en nuestro interior nos dice que hacer eso es nada más y nada menos que lo correcto. El gesto de grandeza. La decisión superadora. Y es muy probable que coincida con aquella que nos duela mucho hacer…

Habiendo estado en esa rara situación apenas un par de veces en la vida, al menos puedo decirles que la satisfacción de haber escuchado esa voz interna, de haber actuado de forma inequívoca aún cuando todo esté en nuestra contra, debe estar entre las cosas más reconfortantes y memorables que nos pueden pasar en esta tierra.

Ojalá que entre el millón de chances por día que nos da la vida, encuentren más de una donde puedan decir: “A pesar de todo, hice lo correcto. Y no me arrepiento…”

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