Archivos para febrero, 2010

Personal’s Best

Publicado: 17 febrero 2010 en De la vida y todo lo demás

Si, el género de comedias románticas y yo tenemos una larga data de historias paralelas- Ellos sacan alguna película medio decente y yo les prometo meterme en alguna historia medio parecida. La ventaja de todo esto es que los años me han permitido hacer un pequeño catálogo de películas que recomendar según la situación.

Comprenderán mejor tras leer la lista:

Serendipity: Mi preferida. Para ver con aquella persona donde las casualidades hayan tenido mucho que ver con como se conocieron.

Definitivamente, tal vez (Definetly, maybe): Segunda cercana en el top a la anterior. Al revés que el caso anterior, es ideal para ver con alguien cuya historia no haya comenzado por haber tenido pequeños desencuentros con la otra persona o bien, para terminar de convencer a alguna escéptica en los temas del amor.

Realmente amor (Love Actually): Si bien toda la película deja una linda sensación romántica, la historia a tener en cuenta es la de Mark y Juliet. Una de las escenas mejor logradas que he visto en mucho tiempo (y un gesto que he sabido robar). Da un lindo cierre a esas historias que sabemos imposibles.

Simplemente no te quiere (He’s Just Not That into You): Dos grandes sentidos prácticos. Uno, para ganarle tiempo a una relación en la que tu novia te viene apurando con casarte. Dos, para que una muchacha entienda un poco más los rechazos masculinos (y recupere un poco la fe en el género). Eso si: JAMAS de los JAMASES vean esta película si por algún motivo están de trampa.

August Rush: Para volver con una persona con la que las circunstancias externas tuvieron mucho que ver en la separación.

A lot like love y Te amaré por siempre (The Time Traveler’s wife): Ambas llevan los desencuentros a una escala mucho mayor que “Definitivamente, tal vez”. Renuevan la fe en una relación de idas y vueltas y vueltas y más vueltas, la primera en tono de comedia, la segunda en un tono más bien trágico.

A través del universo (Across the universe): Para señalarle a alguien que sencillamente te ha flechado (la versión de “I’ve just seen a face” es la mejor en años) y que a pesar de todo, lo de uds. es posible.

La casa del lago (The lake house): Ideal para una relación a distancia.

Antes de que termine el día (If only): Para enamorar a alguien con quien hayas tenido un gesto de grandeza.

Closer: Para terminar de exponer a alguien de quien sospeches que te está haciendo peinar osamenta.

100 girls: Para renovar la fe en la búsqueda de esa persona, real, pero justa para uno.

Más extraño que la ficción (Stranger than fiction): Para demostrar que hasta el “destino”, por férreo que sea, puede modificarse.

El hombre que corría tras el viento: Para despertar a alguien que necesita reaccionar y jugarse por lo que siente.

500 días con ella (500 days of Summer): La antipelícula, una película sobre las ‘perras sin corazón’ (por ponerlo en palabras suaves), cuya mejor recomendación es ver sólo o con amigos, quizás para sanar una herida, o para que los que aún no hayan pasado por una situación así se ahorren unos 200 o 300 días innecesarios.

The notebook: Una carta fuerte, para decirle a alguien que es el amor de tu vida (ojo con lo contraproducente que puede ser si la muchacha no siente igual).

Todo en la vida son decisiones. Creernos que la culpa de lo que ocurre en nuestra vida recae sobre los hombros de un tercero, hacerlo verdaderamente responsable de caminos a los que hemos llegado por nuestra cuenta es una tontería. Si bien nos escapa la posibilidad de calcular la cadena de eventos que desatará el aleteo de una mariposa al otro lado del mundo, tenemos que aprender a aceptar nuestros errores. Nuestros pequeños tropiezos que son los que nos han llevado a donde estamos.

No creo que todo ocurra por algún mágico motivo. Por un plan perfecto que el… “Maestro” haya puesto en el camino. Desgraciadamente, mi idea de Dios usa pantuflas y si bien conoce más o menos a donde quiere llegar con cada uno, solo escribió las líneas generales. El resto, por mucho que nos pese, lo deja a nuestra cuenta. Y eso es lo que nos hace responsables directos e inmediatos de nuestra felicidad.

Cada mala decisión que tomamos es, al fin y al cabo, nuestra. Cada momento de duda, de inacción, cada falta de impulso y también, cada acción hecha en caliente, es una opción que elegimos tomar por el camino. Al fin y al cabo, así somos, así nos sale y a veces incluso por analizar de más y actuar de menos es que las posibilidades nos pasan por al lado (como en aquello de que la vida es lo que pasa mientras hacemos planes…)

Esta entrada iba a ser sobre aquella complicada enfermedad que involucra el darnos cuenta que no podemos controlar lo que sentimos, pero de repente encontré… De repente, recordé algo más significativo: Así como nuestra vida suele ser (más veces que las otras) una seguidilla de malas decisiones acumuladas y revueltas, existe un breve, un fugaz e imborrable momento en el que la oportunidad nos permite hacer exactamente lo correcto.

Quizás no sea lo mejor, quizás no sea lo que más nos conviene. Pero la posibilidad se presenta y, como si se tratara de una epifanía, algo muy en nuestro interior nos dice que hacer eso es nada más y nada menos que lo correcto. El gesto de grandeza. La decisión superadora. Y es muy probable que coincida con aquella que nos duela mucho hacer…

Habiendo estado en esa rara situación apenas un par de veces en la vida, al menos puedo decirles que la satisfacción de haber escuchado esa voz interna, de haber actuado de forma inequívoca aún cuando todo esté en nuestra contra, debe estar entre las cosas más reconfortantes y memorables que nos pueden pasar en esta tierra.

Ojalá que entre el millón de chances por día que nos da la vida, encuentren más de una donde puedan decir: “A pesar de todo, hice lo correcto. Y no me arrepiento…”