Prólogo 2: El guionista entra en escena…

Publicado: 1 enero 2010 en De la vida y todo lo demás

Nunca es bueno olvidarse de Murphy. Más cuando quien escribe tu vida lo tiene como uno de sus autores preferidos.

Para los que no conocen, camino La Plata-Gualeguaychú tiene, salvo las extrañas excepciones de los viernes por la noche, una parada obligada en la terminal de Retiro, que vendría a ser una gran simplificación de la suma de todo lo espantoso que tiene Capital Federal, agolpado en un mismo lugar. Y si faltaba algo, esto se potencia notablemente durante las fiestas, con 6 millones de personas tratando de dar comienzo a sus vacaciones…

Y ahí llegamos al dilema: como en toda combinación, si sacás pasaje con demasiada anticipación, te comés tiempo de espera sentado en lo que más pueda parecerse a un hormiguero humano. Y si no, te puede pasar. Te puede pasar…

El colectivo que tendría que haber llegado a las 17:40, llegó en algún momento entre las 18:05 y las 18:10 (mi pasaje a Gualeguaychú decía 18:10). Para peor, el andén al que tenía que llegar estaba, como no podía ser de otra forma, en la otra punta de la terminal. Cargado con un incómodo regalo para mi sobrino, emprendí carrera esquivando bolsos, gente, nenes, carritos y más bolsos… Y allá lo vi: “Nuevo Expreso”, parado en el andén justo. ¡Estaba llegando! ¡No podía creer mi suerte! (… y no debería).

– “Eh, no flaco. Este es el servicio de las 18:15. El de las 18:10 ya partió, si son casi y cuarto…”

Miré al reloj de la terminal. Decía 18:12. Volví a mirar al empleado de la compañía con cara de: “Me estás cargando, ¿no?”. Evidentemente poder decirme esto era de las pocas satisfacciones que el flaco tenía en el día, por lo que me devolvió una sonrisa. Pensando que en Suiza podían poner en hora los relojes con la salida de este micro, decidí no hacerme mucha más mala sangre y comerme 3 hs en la terminal hasta la salida del de las 21:30, próximo con algún lugar libre (¡Pobre iluso!).

Tras poner el cerebro en remojo hasta 20:30, decidí acercarme al anden de nuevo. Ahí el guionista trajo como nueva víctima al pobre de Luis, novio de mi hermana postiza, que salía en el de las nueve, con la mala suerte de tener que viajar ese día y encontrarme. Sabrán disculpar, pero fue una inmediata e involuntaria “Mancha, guionista”.

A las 11 de la noche, un colectivo poco más que de línea y con una calcomanía pegada que decía “Nuevo Expreso, 21:30” estaba saliendo de Retiro con nosotros dos sentados dentro, con Luis jugando a “¿adiviná qué vena de la frente está por explortarme?” entre el respaldo roto del asiento y las patadas en la espalda de la niña hiperkinética que se le había sentado detrás. Aire acondicionado había, lástima que solo tenía dos temperaturas: Horno tropical y Polo. Y si faltaba algo para completar su noche, recordémoslo: suelo roncar.

Dejando de lado la parte sentimental (de la cual amerita renglón aparte), así dió comienzo el primero de mis viajes, con el guacho que escribe mi vida afinando la pluma. Mejor prepararse. Algo me dice que los próximos 20 días van a ser cualquier cosa, menos olvidables…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s