Prólogo a los 7 lagos…

Y si. Frente a un 2009 del que me llevo un decálogo cumplido de “cosas pendientes para ser feliz”, decidí empezar el 2010 de la mejor manera: en viaje. Decidí colgar mochila al hombro (aunque sea, prestada) y empezar a cumplir con uno de los tantos, de los miles de viajes, que aún tengo pendiente.

Dicho esto, vaya mi primer reflexión: jamás me he sentido tan tonto como al querer armar una carpa. Bah, el armado tomó 20 minutos (y eso que la carpa es tipo iglú, no me quiero pensar con una canadiense), más que nada de mirar fijo las varillas hasta encontrarle forma. La simple satisfacción de hacerlo “a la que te criaste” y el gruñido de haberme dado cuenta de que las instrucciones estaban en el interior del bolsito para cargarla, se vieron rápidamente ofuscadas ante un evento mucho más grave: guardarla. Debo haberla doblado 20 veces, girado, enrollado, estirado, vuelto a girar… De hecho, creo que se decidió a entrar cuando empecé a mirar con cariño a la tijera.

Aún así, a pesar de que pocas veces en la vida me he sentido más ridículo, solo puedo esperar cosas buenas para este viaje. El compañero de aventuras ya está a bordo, los objetivos están claros. Alguien me está queriendo marcar el camino y no tengo porque decirle que no. Es hora de seguir adelante en un montón de niveles y todo lo que está por venir, no puede encontrarme de una mejor forma…

… que en movimiento.