Buscando la coincidencia

Publicado: 12 septiembre 2009 en De la vida y todo lo demás

2006. Trabajando aún en el proveedor de Internet, salía victorioso tras un día agotador, en el que pude resolver un desastre provocado por Telefónica que casi hace que una mujer queme las oficinas e incluso que su hermano nos demande cuando cayó de cama con un pico de presión. A su vez, había arreglado que Telefónica, como gentileza por los desastres causados, refinancie los plazos de la deuda de mis jefes. Y si faltaba algo, ese mismo día, un amigo me ofrecía una oportunidad de trabajo única (de hecho, mi actual trabajo), que me permitía escapar de aquella pequeña incubadora de stress…

Era un día soleado de agosto y las oficinas quedaban justo frente a una plaza llena de verde. Era, en todo sentido, un buen día… Tomé aire, miré al cielo y me sentí realmente aliviado, satisfecho con la tarea cumplida y con el horizonte de algo muy bueno por llegar. Sin embargo, al cruzar la calle, como buen Murphy, el guionista me tenía que dar una señal de que su mano estaba detrás de esto. Fue allí en la plaza, entonces, que un hombre rubio vestido de negro, jugando con sus chicos, se dio vuelta y me pidió fuego

Debo explicar el contexto: ocurría que en ese entonces Telefe tenía fijas las repeticiones de “Los Simuladores”, donde el personaje de Mario Santos al finalizar cada operativo, pedía fuego a las víctimas de las simulaciones. Mario Santos, interpretado por Federico D’Elía. Y de todo el planeta, justo ese día, Federico D’Elía me tenía que venir a pedir fuego

Fue un momento de shock. Apenas un segundo, no pude contener la carcajada y él, dándose cuenta de su parte de la ironía, se echó a reir también. Traté de seguir camino y, juntando fuerzas, él trató de decirme aún entre risas:

– “¡Pero yo te pedía fuego en serio!”.

Solo pude darme vuelta y responder:

– “Puede ser… pero como chiste, es muy bueno”.

Estimados, la coincidencia existe. Ni que sea, para arrancarnos la sonrisa. No la busquemos, es inutil: siempre pero siempre caerá en el momento más inesperado. Y cuando llegue, nos daremos cuenta que siempre estuvo en nuestro camino…

(…solo que, para hacer honor a la costumbre, veníamos mirando para el otro lado)

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