Esos agentes de otoño…

Publicado: 9 agosto 2009 en De la vida y todo lo demás

Tener muchos Agentes de Otoño en la vida de uno está clínicamente poco recomendado (al menos por los doctores del alma). Cuando uno cree que es el día a día lo agobiante, lo estresante, las fuentes de angustia… Nada de eso. Es cuestión de mirar solo un poco más allá: en el fondo de la fotografía, cual Wally escondido, seguramente hay un Agente de Otoño dando vueltas.

Sin caer en el poco simpático deporte de echar la culpa a los demás por aquellas cosas de las que somos enteramente responsables (algo típico de esta gente gris a la que hago referencia), veran que están por todas partes. No busquen seres mitológicos, al menos no más allá del mito urbano de todos los días. El colectivero gruñón, la madre sobreprotectora y su crio malcriado, el empleado de ventanilla que detesta su trabajo, los combatientes por las monedas del vuelto, la psicológa que cuestiona al amor (jamás olvidaré aquel ajeno: “Te quiero mucho…” “Ah… ¿sí? ¿Por qué?”)… Los detectores de ‘negritos’… Los pisadores de cabezas…

Nota: En un gran paréntesis, excluyo a los aplicadores de inyecciones (tan típicos de las crónicas del Angel Gris) bajo la injusticia de conocer a un bioquímico que, además, resulta ser muy buen tipo.

Tacaños en gracias y perdones, los agentes de otoño son personas bien reales. No escriben en blogs. Vienen y te dicen: “¿Por qué perdés tiempo en esas estupideces?” o frases igual de constructivas. Descreen de wikipedia, nunca piden disculpas al colarse en una fila, consideran que “plata” es un buen regalo y necesitan un enemigo diario, un objetivo al que culpar de la suma de sus desgracias, aunque el tipo ni se entere. Desde ya, se consideran excepción a toda regla que exigen a los demás cumplir a rajatabla…

Karmas. Incluso capaces de la extrema perversión al transformar la esperanza en ansiedad.

De alguien que ya pagó por los pecados de sus próximas 20 reencarnaciones (en las que he de suponer que seré torturador del Mossad, violador serial de Barracas o veterinario), les digo: no traten de esquivarlos. Es misión imposible. O al menos requiere de un equipo de 4 que incluya a un negro experto en demoliciones, un jefe que se haga prender habanos, una camioneta negra y a un loco (jamás supe para que iba el loco, pero es requisito sin-equa-non).

Esta gente es experta del disfraz dentro de la multitud. Son dueños del parámetro de “normalidad” y bajan regla sin asco. Antes que te des cuenta te habrán hecho pensar si eso que siempre creíste correcto, de repente no estará mal. Que dar las gracias y ser amable es algo que el otro tiene que merecer (y vaya dios a saber cual es la ‘elite’ que lo merece). Obviamente, el que está mal sos vos. Son expertos manipuladores de la culpa y de la lástima: creánme, se las van a hacer sentir.

Por suerte, tras mucho tiempo en la cercanía de una de estas fuentecitas de angustia ajena (pero con patas) encontré una clave. Al parecer, como buen personal de cualquier agencia, pierden su mejor carta cuando uno los descubre por lo que son. Cuando uno llega a atisbar el vacío que tienen por dentro (lleno de voces y ecos), en contraste con todos esos sueños, valores, recuerdos y sentires con las que uno fue amoblando y aclimatando ese pequeño lugarcito interior.

Payasadas. Payasadas que, a su vez, son las cosas que nos permiten reírnos de nosotros mismos. Y no hay cosa que los Agentes de Otoño odien más que una sana risa ajena…

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comentarios
  1. Any dice:

    Ya no tan cercana a un gran agente de otoño…, luego de padecer, sus maltratos, manipulasiones…; en fin ya lo sabemos, creo que el cominezo del clik ha llegado; y en parte gracias al guionista q me has prestado… puedo decir que, estoy tratando de repeler esos “agentes con 4 patas”…

  2. Lucifer dice:

    Ay Parker! Que los hay, los hay y por montones, ya creo que a cada paso me choco con uno como si fueran paredes humanas que no me dejan avanzar. Me caigo y me levanto, jejeje, pero si, es asi.

    En menos de dos meses y sin contar mis problemas, que usted ha sabido escuchar; el poco vuelo que habia logrado levantar me lo bajaron de un cascotaso. Todo gris otra vez, todo negro, once and again. E intente guardar en secreto mi alegria, como un niño que guarda un chocolate para degustarlo a solas, pero no, descubrieron mi escondite, me comieron el chocolate y pues me han dejado penando y sin rumbo, una vez mas.

    Espero que todo cambie y quizas, “The script writer” me sorpenda con una de arena! basta de cal!!!!

    Se lo aprecia Sr.

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