Tamborileando

Publicado: 13 junio 2009 en De la vida y todo lo demás

Hace unos minutos, mientras miraba August Rush, me encontré a mi mismo tamborileando una canción con un Marroc. Para los que la vieron, no, ni el actor ni yo somos prodigios musicales, pero evidentemente hay sensaciones que contagian.

La película me llevó a reflexionar sobre como me vi empujado durante los últimos seis años de mi vida en buscar y cumplir los mandatos sociales, como si fuera una necesidad de reconocimiento hacia los demás. Recibite. Casate. Casa. Auto. Hijo. Ganá más. Si Viajás, que sea un Gran Viaje: Avión, Europa… estupideces. En ningún momento el mandato social me dijo: Se Feliz. Pero supuestamente esas cosas con mayúscula te debían traer felicidad.

Ojo. No digo que la felicidad no pueda hallarse en esas cosas. Pero si te casas, por lo menos casate con la mujer que amás desde lo más profundo y con la que, al menos en ese momento exacto, pensar tu futuro con ella sea el paso más natural, sentido y libre de pensamiento posible. Si te recibís, que sea por el orgullo y la satisfacción que te trae la profesión que elegiste. Si buscás mejorar tu trabajo, que sea para hacer eso que realmente te realiza y te gusta hacer, más allá de lo que el entorno y la necesidad permitan. Y si tenés un hijo, que sea el fruto, la prueba viviente, de un amor increíble.

El mandato social se convirtió en ese aeropuerto de grandes flechas y direcciones resueltas, que se olvidó de contratar a las azafatas que te digan: “Eso sí, por el camino, aprendé a disfrutar y pasala lo mejor posible“. Sus arquitectos creyeron que bastaba con lo material y se olvidaron que para un tipo feliz, lo material es completamente accesorio.

Lo que me lleva a una breve conclusión inspirada en la película: Aún cuando hubiera tocado fondo, si lo hubiera perdido todo y tuviera que empezar de cero, se que tendría al menos una chance de volver a pararme por cada amigo, por cada alma que tuve la chance de tocar por el camino.

Tomo el riesgo de sonar horrendamente cursi, pero más allá de mis manos o mi mente, de mis habilidades más básicas o preciadas, cada día confirmo que los amigos son el verdadero tesoro. Un tesoro fácil de descuidar, de esos que todo el tiempo se los cree perdidos y cuando volvés a mirar, sin necesidad de mapas, estaban ahí todo el tiempo.

Y, si encima le faltara algo, debe ser el único bien que crece al compartirse con otros…

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comentarios
  1. Lucifer dice:

    Aunque aun no he visto la película, después de nuestra charla After Hour y al leer este post no se por que me urgen unas ganas impresionantes de ir a Marilyn Video Home y alquilar el DVD.

    En cuanto a lo que mencionas de los mandatos sociales, sinceramente es una lista interminable de estupideces materiales, que hacen a la felicidad de los meramente superficiales y poco humanos. Me hizo pensar en una montaña y dos personas escalando, una es competitiva y la otra lo hace por placer, el competitivo puede que llegue antes o quizás ni llegue y quede a mitad de camino, pues al arribar a la cumbre se debe de haber dejado impregnar por el paso a paso que nos nutre de sabiduría y nos hace apreciar mas aquello logrado, el que lo hace por placer, aprecia cada una de las vistas y busca su propia superación, no como el otro que quiere demostrarle a los demás lo que puede hacer pero para si no gana nada, sigue siendo tan vacío como cuando comenzó.

    “…para un tipo feliz, lo material es completamente accesorio.”

    Excelente frase, Parker, simple y exacta. Si la belleza de una frágil flor puede bosquejar una sonrisa en mi rostro, si mi hijo adormecido puede provocar que una lagrima ruede por mis mejillas, si un beso de alguien amado me puede hacer sentir mariposas en el estomago y si un amanecer calido al lado de la playa despierta en mi la sensación de tenerlo todo, para que matarse por amasar grandes montos de dinero, librar batallas como perro de pelea por ver si le podemos birlar el ascenso al colega, para que, digo yo, sirve toda la pompa si como decía mi abuelo “La mortaja no tiene bolsillos”. El día que me valla no me van a recordar por si use un perfume importado o si vestí alguna prenda de diseñador o si quizás todos los años tenia un 0km, me van a recordar quizás por lo que logre enseñar desde la experiencia, el amor que di sin esperar la vuelta, las pavadas y las risas, los abrazos de oso y la palabra sincera.

    Si lamentablemente el dinero en la sociedad global es necesario, para pasarla bien, pero mientras mas ceros tenga la cuenta mas dolores de cabeza…

    Por los amigos, pocos, pero buenos y esos momentos que he compartido con cada uno de ellos (Ahora incluido usted) son regalos para el alma y no cuestan un centavo pero son impagables.

    Hasta pronto! O mejor hasta el otro post! Esta noche me pinto MUSE!

    Lucifer

  2. […] De aquel que se preguntaba o cuestionaba el mandato social, ahora hay uno que ni siquiera pierde el tiempo en semejante pavadas: lo único que se parezca a un “mandato” que se me pueda ocurrir es el de ser feliz y hacer feliz a aquellos cercanos al cuore. […]

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