La justa…

Publicado: 12 junio 2009 en De la vida y todo lo demás

Evidentemente hay que recuperar las charlas de café. Si, sí. Facebook y el MSN nos permiten tener al lado a 30 personas de la otra punta del planeta, en simultaneo, así sean las 2 de la matina y todos estemos en piyama.  Como fuera, en una de esas charlas perdidas, saltó a la vista una pequeña plaga verbal que nos afecta a buena parte del planeta y que es característico encima de muchas de las muchachas que suelen sacudir mi mundo.

No decimos las palabras justas.

No nos damos el tiempo de buscar esa palabra breve, concisa, definitiva que resuma toda la idea y nos permita aferrarnos a lo que realmente queremos dejar en claro. Palabras inequívocas. Binarias. Palabras que desde que tenemos  memoria las buenas costumbres nos han enseñado a saltar, rodear, enroscar y, sobre todo, enmascarar dentro de muy amables, complejas e inseguras frases hechas del tipo:

– “Y… es complicado.”

– “Dejame que te explique…”

– “Pasa que no es fácil…”

Claro. Nos criaron en un mundo donde la palabra equivocada podía desencadenar la catástrofe. Preguntarle a la maestra de catequesis porque no podía haber más dioses que uno te hacía comer tres recreos en la dirección. Confundirle un fiordo con una vertiente  a la de geografía (o años más tarde, a Hegel con Engels a la de Filosofía), era bochazo seguro. Y el primer día de trabajo, siempre fue ese día en que uno aprendió que jamás de los jamases se debe hacer una broma de futbol hasta saber cual es el equipo del jefe… (mucho menos aún si ese equipo es Racing).

Pero seamos sinceros, ¿cuantas veces nos habremos visto en la necesidad irrefrenable de escuchar esa palabra justa? Eso que necesitamos para ser felices, para dar un cierre, para arrancar la sonrisa o aceptar de una buena vez una mala noticia. 
 
“Te acompaño”. “Se murió”. “Ya no siento nada”. “Yo me encargo”. “No voy a cambiar”. “Para siempre”. “Andá y hablá”. “Fui yo”. “Me juego”. “Contá conmigo”. “No da para más”. “Voy”. “Estoy”. “Te amo”. ““. “No“.

Hoy una buena amiga,  alguien que a partir de las cosas más sencillas se supo ganar un lugar cerca del cuore, me regaló una palabra. No creo poder usarla, pero es una gran palabra, poderosa, de esas que vale la pena almacenar y también compartir con aquellos a los que realmente les sirva.
 
Saudade… La sensación de extrañar con nostalgia o tristeza aquello que se perdió, algo a lo que no se puede volver y que solo recordarlo revive en cierta forma la felicidad que traía a nuestras vidas.  Es el concepto detrás de la samba y la bossa nova, y ocurre que, no por poca cosa, está considerada como una de las palabras más dificiles de traducir a otros idiomas.
 
(…en un breve momento nostálgico, citando a una de mis “españolitas”, me pregunto si se puede echar de menos aquello que en realidad nunca se tuvo…) 
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comentarios
  1. Lucifer dice:

    Otra noche Parker y yo intentando comprenderte, pues me cuesta. El perdido hábito de lectura me trae por el mal camino y ante usted, mi señor, debo sacarme el sombrero (Frase de la tía Sil), pero quédese tranquilo que no lo uso de enciclopedia, aunque me juego a que podrías escribir un libro. No es de aduladora, se ha de reconocer a la gente capaz e inteligente cuando se la ve.

    La justa…

    Estoy en total acuerdo con vos que muchas veces es difícil de encontrar esa palabra que nos ahorraría el sin fin de guitarreos dándole vuelta a un asunto sencillo que se torna finalmente en un caos. Quizás alguna vez te paso (a mi si) en una pelea de pareja por tratar de suavizar la situación metes una de Shakespeare, el otro te entiende como la mona y terminas en un lío que luego no sabes ni donde comenzó. Y todo a raíz de no decir las cosas como son con palabras reales y JUSTAS en vez de tratar de meter la idea con mensajitos subliminales, que espanto, así somos.

    Saudade…

    Después de leer el significado, vino a mi mente la siguiente imagen: Mi casa en Alem (Donde solías ensayar teatro) mi habitación y el balcón que hay sobre 25 de mayo, las noches silenciosas en verano (CUANDO NO HAY TURISTAS) y la paz que traía esa manía mía de sentarme allí sola a admirar el cielo, me gustaba escuchar ese silencio, simplemente interrumpido por una tímida brisa que hacia un suave sonido, casi mas una caricia. También tiene su traducción el hecho de evocar este recuerdo… cierta perfección y equilibrio en mi vida que se ha perdido…

    “…me pregunto si se puede echar de menos aquello que en realidad nunca se tuvo…”

    Quizás no es cuestión de extrañarlo, si no más bien el hecho de que cuando algo no se obtuvo, al menos seguramente vivió en nuestra imaginación la posibilidad de que hubiese ocurrido. Me ha pasado con personas, cosas y sentimientos. Es una suerte de frustración, podría llamarlo, de no haber logrado un propósito y esto nos trae a la mente cierta cualidad de añoranza… Quizás durante un enamoramiento… o tal vez una relación… el deseo primordial es amar y ser amado por igual… cuando no ocurre surge la necesidad de ser correspondidos y nace en nuestra mente el famoso “Como hubiese sido (o seria) si…”… creo que en ese momento se echa de menos lo que no se tuvo (o tiene), usted dirá Parker…

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